BLOG DE LA CONSULTORA

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Informe economico sobre Marzo pasado- Publicación Abril.

Los debates en torno a la creación del Fondo Bicentenario, a la emisión monetaria para cubrir los déficits fiscales y el retorno del impuesto inflacionario como recurso de financiación, han degenerado en debates de todo tipo sembrando más dudas que certezas. Es todo muy poco claro. Lo cierto es que aun la incertidumbre propia del proceso inflacionario está más cerca del 30% que del 20%, y por tanto, intentaremos en este informe aclarar algunas cuestiones que sirvan para entender la situación actual.

¿Es la actual política monetaria inflacionaria? ¿Cuáles son los peligros de que las utilidades del BCRA que transfiera al tesoro motiven la actual suba de precios? Un buen punto de partida es aclarar que el esquema cambiario actual es de tipo de cambio fijo, con valores actuales en $3.88 y con una banda devaluatoria cercana a $4.10 y $4.20. Se sabe entonces que el dólar se mantiene en estos valores o bien sube, pero difícilmente baje. Para sostener este precio del billete verde, el central tiene que regular la cantidad de pesos en circulación dentro de la economía. Ahora bien, en cada período, por ejemplo para el año 2010, las necesidades monetarias de un país (a la cual nos podemos aproximar por una demanda por pesos) están en base al aumento de precios (25%-30%) y el crecimiento real del PBI (5-6%). Estos aumentos en la demanda de dinero son acompañados rigurosamente por aumentos en la oferta de dinero con el fin de fijar el valor del tipo de cambio en los valores deseados. Es por eso mismo que bajo este régimen, es inútil hablar de políticas expansivas o contractivas en la medida que se esté fijando (y deseando mantener) un tipo de cambio fijo . Si pensamos en una situación tal como la plantean muchos economistas de exceso en la cantidad de pesos, el primer indicio que observaríamos sería en el tipo de cambio: veríamos un tipo de cambio más alto que inicia una escalada en ascenso.

Por tanto, es lógico considerar que en la medida que el Banco Central no sea contradictorio con sus objetivos, bajo un tipo de cambio fijo, las expansiones monetarias por arriba de la cantidad necesaria para la economía acabaran anulándose a sí misma. Todos los pesos que, llegado el caso, estén sobrando y la gente se quiera sacar de sus bolsillos irán a parar indefectiblemente al Banco Central, que en su afán por mantener su objetivo de tipo de cambio, los cambiara por dólares.

En la medida que el Banco Central no intervenga, llegado el caso de un exceso de pesos en el mercado cambiario a causa de la emisión o contracción en la demanda, la moneda se devaluara y será esa misma devaluación un motivo de inflación. Por tanto y mas allá de lo estipulado en la Carta Orgánica del BCRA, es irrelevante si la emisión monetaria para cubrir el déficit (aunque no es nada recomendable) se basa en la alquimia algebraica de las utilidades del BCRA o de una emisión que proviene directamente de la maquina imprime billetes, con el tipo de cambio fijo, la emisión no tiene ningún efecto inflacionario.

¿Hasta qué punto es sostenible esta política? En la medida que el Banco Central cuente con los dólares suficientes como para respaldar la cantidad de billetes en circulación, esto es, tener el poder suficiente para respaldar esa paridad, no existen riesgos de que el dólar se le escape. Si el dólar no se le escapa, se contiene una mega devaluación. Actualmente y según cálculos del ex Ministro Cavallo que publicó en su página web, el 80% de la base monetaria está respaldada genuinamente. Si bien no existe un consenso internacional de mucho o poco, este número se considera más que positivo. Inclusive aun, si se echa mano en las reservas para pagar deuda o financiar gasto público (ver nuestro informe de marzo sobre febrero), con la nueva relación base/reservas el Banco Central todavía podrá defender la paridad circa $3.8. Solo en el potencial escenario que ese ratio se deteriore el Central no podrá defender la paridad, pero dado el stock de reservas y el influjo de dólares previstos para el año, ese escenario es totalmente improbable.

Por lo tanto, es irrelevante el pasado en la formación de expectativas a futuro a partir del momento que el “remarcamiento” de precios del mañana se realiza en el presente. No existe motivo alguno para pensar que los precios en la economía bajarán, ergo, no tiene sentido arriesgarse.

Si la situación fiscal, tal como hemos analizado en informes pasados, queda medianamente fuera de peligro, el nuevo debate que parecería asomarse tomando en cuenta lo dicho más arriba resultaría en la posibilidad de un atraso cambiario. Con la inflación ganándole a la devaluación y con el efecto inercial de la primera, es posible que el fin del 2010 y la primera parte del 2011 nos encuentre en una apreciación cambiaria real, la cual indefectiblemente retardara el crecimiento del empleo.