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Informe económico del mes de Febrero pasado-Publicación Marzo.
Hay una proposición lógica dentro el climax macroeconómico Argentino que puede plantearse de la siguiente manera: ¿Cómo se verá afectado el crecimiento económico con una inflación en ascenso y tipo de cambio fijo-o en el mejor de los casos con magras devaluaciones-? ¿Puede resistir la economía Argentina otra ronda de aumentos salariales-según allegados sindicales, del 30%- con un tipo de cambio anclado en los cuatro presos?
La coyuntura presenta dos caras dicotómicas. Desde el punto de vista microeconómico, aquellos sectores más dependientes de las fluctuaciones del dólar abogan por devaluaciones considerables que licuen parte de los aumentos salariales que se traslucen en mayores costos. Es en estos rubros, que al tener el precio atado a lo que ocurra con la moneda verde y el tipo de cambio, no tienen ninguna influencia en la formación de precio y por ende sus rentabilidades dependen de los precios mundiales, del tipo de cambio y de los salarios que pagan en pesos. Estos son los que pierden. En cambio, los más abocados al mercado interno, le empatan a la inflación trasladando los aumentos en los salarios-costos hacia los precios, convalidando los actuales niveles de inflación.
Sin embargo, desde el plano macroeconómico, la respuesta natural ante las historias de sectores asfixiados y empatados, podría ser una devaluación en el tipo de cambio que otorgue mayores precios y por ende mayores rentabilidades. Considerando las condiciones de la macroeconomía local, esto no es una opción debido a que devaluaciones que se intenten de aquí en más irán a parar a los precios. En otras palabras, manipular el tipo de cambio en estas condiciones no es una opción porque lo único que ocurrirá será solo mayores precios y no más actividad.
En este sentido, aquí se vislumbra el entendimiento de la situación donde el Ejecutivo se muestra reacio a depreciaciones nominales ante pedidos de grupos de interés, como es la Unión Industrial Argentina, debido a que encarecer al dólar en términos del peso solo servirá para agregarle puntos a la inflación actual. Querer hacer caer el salario real con devaluaciones es irrisorio, desde el momento en que precios, salarios y variaciones en el dólar se mueven en una estricta relación lineal uno a uno.
Los sectores más proclives a las devaluaciones (exportadores y sustitutos de importaciones) deberán entonces apostar porque los precios internacionales se mantengan elevados. En el caso de los exportadores, nos referimos a los precios de los productos primarios y manufacturas de origen agropecuario al igual que los precios de la energía. Mientras que para los sustitutos de importaciones, cuanto más alto sea el precio del bien que se planea importar (más caro resulta el bien en el extranjero) mayores incentivos existirán a producirlo localmente.
Posiblemente, la última ronda de negociaciones salariales sea la versión final que el modelo con tipo de cambio a cuatro pesos por dólar pueda soportar, a sabiendas que, la devaluación no es un camino. Será entonces que inevitablemente, aquellos sectores más dependientes del sector externo sufrirán para algún momento del 2011, principios del 2012, una contracción propia de costos en ascenso e ingresos congelados. Insistimos entonces que si la devaluación no es un camino, su suerte dependerá de la bonanza internacional y su correlato sobre los precios mundiales.
Informe económico del mes de Diciembre pasado-Publicación Enero.
A finales del 2010, la economía Argentina volvió a romper con todos los pronósticos: mayor inflación y crecimiento de lo esperado. Lo vivido durante el año pasado, libera el camino de ciertas incertidumbres para lo que posiblemente sea el 2011.
Al igual que el verano pasado, el 2011 arrancó con una aceleración en los niveles de inflación llegando a cifras cercanas del orden del 30 por ciento. Esta situación, sumada al congelamiento en el tipo de cambio, puede ocasionar ciertos desequilibrios en la economía, si bien no creemos que sea el caso.
Por un lado, el tipo de cambio funciona como un ancla nominal. Evitando que este fluctúe solamente en relación a las fuerzas del mercado, la fijación en los valores de los pesos necesarios para comprar un dólar, evitan elevar la expectativa de devaluación. Con una expectativa de devaluación baja, existe un argumento menos para fogonear los ya elevados valores de la inflación.
Adicionalmente, no hay voluntad de ajustar los valores de las tarifas y servicios (públicos). Para esto, el ejecutivo cuenta con una amplia batería de subsidios que es sostenida a través de un elevado gasto público. De esta manera se obtienen dos cosas: contener la escalada de precios y evitar una medida anti-popular en pleno año electoral.
Con el tipo de cambio planchado e inflación en ascenso, hemos remarcado aquí que siempre existe la posibilidad del atraso cambiario. El atraso cambiario pone presiones sobre los sectores exportadores, incentiva las importaciones reemplazando producción local por extranjera. Si este fuera el caso, no sólo el empleo y el nivel de actividad se contraen, sino que además se pierde el último superávit obtenido en los últimos años: la balanza comercial.
Pero a diferencia de lo ocurrido durante gran parte de la historia Argentina, la bonanza internacional parece seguir favorable tal como lo ha sido durante todo el 2010, e inclusive mejor. Los precios de las exportaciones Argentinas siguen en ascenso, y por tanto, toda la pérdida de competitividad generada por el tipo de cambio congelado y precios-salarios en ascenso, puede ser compensada con creces. En otras palabras, la recuperación de la demanda global (con China a la cabeza) y la vuelta de los especuladores que generan alzas en los precios de los bienes primarios, logran compensar las deficiencias de la economía argentina.
Si bien esto resuelve en parte la situación de los exportadores, no resuelve la de aquellos sectores que compiten con importaciones baratas.
De aquí se desprende, por tanto, la política del gobierno de bloquear bienes importados con aumentos de tarifas y restricciones a la cantidad que se trae del exterior. Si bien esto no parece ser una política aconsejable, la economía argentina no ha dado señales de verse perjudicada (aún) por las susodichas decisiones.
Así las cosas, creemos que la economía Argentina volverá a gozar de un crecimiento sólido para el 2011, con tasas cercanas al seis por ciento. Sufrirá desde luego, los altos niveles de inflación cercanos (hoy por hoy) al treinta por ciento, pero que curiosamente ha demostrado saber manejar con creces a pesar de ser una economía anómala en comparación a los niveles internacionales.
Paralelamente, creemos que los niveles de consumo se mantendrán en los niveles actuales o subirán. Por un lado, notamos cierta propensión al desahorro por parte de los individuos, combinándose esto con buenas perspectivas a futuro sobre el nivel de ingresos. Finalmente, la existencia de tasas reales de interés negativas demuestra el poco atractivo que tiene para los argentinos el ahorro, ya que si no cambian el dinero por bienes (ni siquiera dólares), este se derrite en sus manos.
Informe especial económico-político del mes de Diciembre-Publicación Diciembre.
Por Ezequiel González Ocantos para Chi-Square.
Por estos días es un cliché afirmar que la muerte del ex presidente Néstor Kirchner pateó el tablero de la política Argentina. En este informe sostenemos que en realidad más que patear el tablero, su muerte lo ordenó, anticipando el tipping point al que se acercaba la opinión pública y que podía decantar para un lado o para el otro con vistas a las elecciones presidenciales de 2011. El veredicto de las últimas encuestas es claro: el vaso rebasó para el lado kirchnerista. Hasta hace un mes era difícil pronosticar qué sucedería el año que viene; hoy esa tarea es mucho más sencilla. Pasamos a explicar por qué.
Cualquier ávido lector de diarios y revistas políticas de las más variadas persuasiones ideológicas y partidarias, consume un relato que describe la coyuntura nacional como un escenario polarizado, dividido y trabado, en el que la posibilidad de consensos es remota. Esto presupone la existencia de un electorado quebrado, decidido a optar de manera inexorable por un sector u otro de la contienda. Si esta presuposición no existiera, no se explicaría por qué los dirigentes políticos, cuya principal motivación, podemos asumir sin riesgos, es la de maximizar su caudal electoral, esbozan un discurso polarizador para atraer apoyos y voluntades. Dicho en otras palabras, para los políticos anotados en la contienda electoral, el electorado al que apuntan se define por las mismas fallas geológicas que muestra la política en el congreso o en la televisión.
Entendemos que esta caracterización es producto del microclima político, y que encuentra poco correlato empírico en el comportamiento que muestra el electorado en diversos estudios de opinión pública. Las percepciones de “la gente” son mucho más policromáticas que el esquema binario que nos plantea este relato.
En un escenario polarizado lo esperable es encontrar pocos indecisos y poca fluidez entre los votantes del oficialismo y de la oposición. El ciudadano promedio debería tener en claro sus preferencias a futuro si participara de la lógica del microclima que no da lugar para los tibios o para los grises. Por otro lado, uno podría decir que si hay indecisos, estos deberían ser mayoritariamente opositores y que sólo se mantienen indecisos por la abrumadora cantidad de ofertas que plantea ese sector. Si esto fuese cierto, también debería existir una proporción mucho menor decidida a no votar jamás por los referentes de la oposición que por los del kircherismo. Ninguna de estas cosas se observan con claridad en encuestas de opinión realizadas antes o después del fatídico 27 de octubre. Aún más, el crecimiento en el apoyo al gobierno reflejado en las últimas encuestas, es producto del corrimiento de alrededor de un 15% de otrora indecisos y votantes opositores a las huestes oficialistas.
En otras palabras, la ciudadanía no encuentra contradicciones al moverse con comodidad entre oficialismo y oposición, y todavía hay muchos que no se deciden ni por unos ni por otros. La polarización del microclima político no describe el estado de opinión de los argentinos.
Entendemos también, que si bien tanto el gobierno como la oposición dibujan desde sus respectivos atriles una situación de extrema confrontación, la oposición es la que más se perjudica con este planteo. En la medida en la que la oposición no pueda captar el espíritu policromático de la opinión pública y tentarla con un proyecto alternativo superador y menos tajante en su evaluación de la actual gestión, el votante fluido e indeciso optará por lo seguro. ¿Puede la oposición cambiar de estrategia? Creemos que la respuesta es negativa porque el conglomerado anti-kirchnerista se enfrenta a un dilema al intentar escaparse de un esquema discursivo poco propicio para sumar adeptos de cara al próximo proceso electoral.
Para explicar esta afirmación pedimos al lector que se imagine un espacio lineal definido por sus extremos kirchnerista, a la izquierda, y anti-kirchnerista, a la derecha. Es importante aclarar que este no es un espacio ideológico (izquierda vs. derecha), sino que simplemente está definido por su cercanía o no las políticas o al estilo del gobierno. Imagine que tanto el electorado como las ofertas electorales se ubican en distintos puntos de este espacio. Dada la descripción que hicimos sobre los votantes, el votante mediano (o para mayor precisión, aquel ubicado entre el 40 y el 45 percentil), se encuentra alejado de los extremos. Ese es el votante al que hay que convencer para ganar la elección. La oposición se divide en sus diferentes facciones en diversos puntos cercanos a los votantes opositores más acérrimos. El oficialismo, por su parte, se posiciona hacia el otro extremo de la distribución sin encontrar opciones kirchneristas más radicales a su izquierda.
Dado este escenario, es imposible para cualquier oferta opositora moderarse, y acercarse al votante que define la contienda. En cambio, el kirchnerismo, al no tener competidores a su izquierda, puede hacerlo con mayor latitud. Como vimos en la reciente discusión sobre el presupuesto, cualquier facción opositora que intenta este movimiento céntrico es desafiada, y descolocada en el acto, por vertientes anti-kirchneristas más duras. Esto genera un dilema para la oposición que quiere moderarse y volverse electoralmente más competitiva, porque al intentar esa maniobra puede dejar de ser competitiva en el corto plazo. Esto es así porque si los votantes opositores duros, que son aquellos que hacen emerger a las diferentes alternativas opositoras en las encuestas, se desencantan con la moderación, estas alternativas pierden el terreno base que les permite aspirar a más o les da cierta potencialidad electoral, a manos de sus rivales más radicales. Al haber opciones más radicalizadas, el núcleo fidelizado del electorado opositor puede hacer desaparecer las alternativas más moderadas de las encuestas de opinión, que son las que en definitiva marcan la línea de largada de la carrera a la Casa Rosada.
El oficialismo no tiene ese problema. Puede acercarse al FMI o planificar mesas de consenso con los industriales, sin que sus votantes más fieles, aquellos en el extremo izquierdo del continuo, sean seducidos por una opción “más kirchnerista.” El kirchnerismo tiene espacio para moderarse de cara al 2011; la oposición no.
Para aumentar sus potencialidades de triunfo las ofertas opositoras deberían moderar el esquema binario que plantean. Sin embargo, la competencia ofertada por una oposición dividida no les permite tal estrategia. Distinto era el escenario que forjó la alianza entre el FREPASO y la UCR porque simplificó el menú electoral y permitió a esta coalición prometerle al electorado mantener ciertas políticas menemistas valoradas positivamente, como por ejemplo el desterramiento de los traumas inflacionarios mediante la promesa de continuidad del 1 a 1. La fragmentación actual es la contra-cara de la unidad de entonces que permitió cierto corrimiento hacia el centro del continuo.
La percepción de potencialidad electoral es importante, sobre todo para los sectores medios independientes e informados que en el pasado han permitido a ciertas ofertas electorales galvanizar mayorías en las urnas, y que también han retaceado esas mayorías dotando de apoyos no despreciables a los famosos terceros partidos de los 80 y 90. Entre ellos están los votantes que las oposiciones actuales deberían captar para volverse más competitivas en el corto plazo y lograr un efecto virtuoso retro-alimentador a través del voto útil.
Como esperamos quedó claro más arriba, la coordinación de votantes opositores no es tarea sencilla. La ciencia política que estudia los procesos de transición electoral de los llamados autoritarismos electorales, como el caso Mexicano en el año 2000, indica que tal coordinación es esencial para el éxito de la oposición. Salvando las distancias entre el régimen democrático Argentino y aquellos no competitivos en los que de todos modos se celebran elecciones, podemos decir que la coordinación opositora en general no es forjada por los partidos políticos mediante alianzas, sobre todo cuando entre ellos persisten diferencias ideológicas, históricas o programáticas. La coordinación la fabrican los electores que rompen con la inercia del dilema de la acción colectiva y deciden subirse en masa a determinado tren electoral que perciben como el más competitivo. Claro está que para que esto suceda, el electorado debe rechazar de manera mayoritaria las acciones del oficialismo y hacerlo sin medias tintas. Como vimos, este no es el caso argentino. Por otro lado, en la medida en que la imagen de un gobierno invencible y una oposición impotente se consolida, existen menos incentivos para que electores y candidatos coordinen acciones entre electores y entre candidatos con el fin de vencer al oficialismo. Lo vimos en 1995 y en 2007, y lo volveremos a ver, probablemente, en 2011 de no mediar una coyuntura crítica como la famosa resolución 125 que termine con la senda de moderación que ha comenzado a trazar la Presidenta.
Informe económico del mes de Octubre pasado-Publicación Noviembre.
Llegado noviembre y con tan solo un mes por delante para cerrar el año 2010, los pronósticos en materia inflacionaria que parecían ser generosos en sus cálculos iniciales (inflación entre el veinte y el veinticinco por ciento, se acusaba), al día de hoy estarían acomodando un nivel inflacionario más cerca del treinta que del veinte para todo el 2010.
Los movimientos en los precios de las últimas semanas parecieran indicar que los alimentos se plantaron desde diciembre del 2009 al día de hoy, en valores cercanos al treinta por ciento. Si bien el resto de los bienes de la economía sufrieron una desaceleración notoria en el último tiempo, en las últimas semanas parecen haber convergido al valor de los mencionados precios de los alimentos.
Estos valores sorpresivos siembran dudas sobre si la inflación empieza a desbandarse y puede superar con creces la barrera del treinta por ciento. La pregunta, seguramente algo obvia en el último tiempo, cobra relevancia si se considera que el 2011 es un año electoral y donde además (precisamente a causa de la inflación) la Argentina se encamina a una etapa de atraso cambiario (Ver nuestro informe de Octubre).
Desde hace un tiempo, el plan anti-inflacionario del gobierno jamás hecho público, parece guiarse por dos esquemas bien distintos, de cierto corte Keynesiano. Por un lado, se trata de una variable monetaria como el tipo de cambio. Aquí el gobierno ha sorprendido al mercado anclando el tipo de cambio en valores estrictamente menores a cuatro pesos por dólar, muy lejos de las estimaciones de principio de año (en Chi Square estimábamos un valor del dólar para diciembre del 2010 cercano a cuatro pesos con diez centavos por dólar).
Como la inflación (y sobre todo, la inflación esperada) depende, entre otra cosas, de la devaluación esperada, el gobierno al fijar el “ancla nominal” de tipo de cambio, logra erradicar unos cuantos puntos de la tasa de inflación. Durante el 2010, la devaluación del peso ha sido despreciable, y los valores actuales, obligan a repensar la estrategia monetaria en relación al tipo de cambio que se puede esperar por analistas y consultores.
En esencia, el programa monetario presentado tiempo atrás por el BCRA, estipula una expansión monetaria cercana al treinta por ciento. Sin mucho margen de error, es posible que la construcción de este número nos indique que el Banco Central esté considerando acompañar el crecimiento si la realidad indica aproximadamente lo siguiente: una inflación del veintitrés por ciento y un crecimiento real de la economía cercano al siete por ciento. En otras palabras, la expansión monetaria no acelera los niveles actuales de inflación, pero los avala y mantiene.
Un corolario de lo anterior puede verse de manera simple: si para el 2011, el BCRA emite en “baja cantidad”, el primer síntoma se podrá visualizar en el mercado de cambios, donde la escasez relativa de pesos implicará una apreciación del peso. En cambio, cualquier exceso de emisión por arriba del treinta por ciento, se visualizará en un tipo de cambio más alto y consecuentemente, una tasa mayor de inflación.
Un segundo aspecto se encuentra dentro de la política fiscal. Dentro de la estrategia oficial se encuentra el abaratamiento en las tarifas de ciertos servicios públicos. La subvención del precio es una herramienta fundamental para evitar subas escalonadas de precios, que ante un potencial retiro del subsidio, puede sufrir grandes saltos a causa del atraso relativo de estos precios en relación a los precios de otros bienes (donde cuyo precio queda determinado por las fuerzas del mercado).
Por lo tanto, son estas dos variables, el tipo de cambio y la política de subsidios, la piedra angular del gobierno no para combatir los niveles actuales de inflación, pero si para mantenerlos dentro del rango del veinte por ciento. Estos valores, algo irrisorios para los niveles internacionales, han demostrado cierta paradoja única en el mundo donde se han combinado altos niveles de inflación con altos niveles de crecimiento económico real
Como hemos sostenido más de una vez, los actuales inflación actual se explica por la inflación inercial, y esta inercia surge a su vez por los efectos retardados de la maxi-devaluación (2002) y la mini-devaluación (2008-2009) y sus consecuencias en otros mercados, como el de trabajo.
Informe económico del mes de Septiembre pasado-Publicación Octubre..
La década del noventa, etapa fundacional en términos económicos por la adopción del modelo de Convertibilidad y su correlato sobre las importaciones, generó sensaciones dispares entre consumidores (que pagaban consumo de bienes y servicios baratos) y productores (que se vieron obligados a cesar actividades ya que eran incapaces de competir con productos más baratos y eficientes).
El bien importado fue in crescendo a lo largo de la década gracias a un dólar barato, que sólo se vio interrumpido el verano del 2002, momento en que el default de la deuda se combinó con la megadevaluación del peso haciendo a la tenencia de la moneda verde un bien meramente de lujo. Expulsados así a causa de un dólar caro, hacia mediados del 2003 el regreso se hizo inevitable con motivos de la recuperación económica general y la recomposición de riqueza por parte de la población. Desde ese momento hasta el 2007, las importaciones generales crecieron en términos anuales a un promedio constante del veinticinco por ciento.
A medida que la recuperación económica continuó a sus tasas del siete por ciento anual, la economía como sistema comenzó a manifestar contracciones físicas en sus variables fundamentales de empleo y el capital.
La menor disponibilidad de mano de obra y de capital instalado inició un proceso contractivo que encontró su válvula de escape en precios más altos. Es en ese preciso momento cuando la inflación supera holgadamente la barrera del diez por ciento para situarse en valores cercanos al veinte (valores que vivimos hoy en la actualidad) y las importaciones aceleran notoriamente sus tasas de crecimiento superando en todos los casos el veinticinco por ciento promedio de años pasados.
Vale mencionar que las importaciones sólo se vieron momentáneamente interrumpidas en parte durante el 2009 a causa de la contracción económica mundial que impactó en la Argentina. Sin embargo, el último dato en la comparación interanual arrojan que crecieron un sesenta y tres por ciento (agosto 2010 versus agosto 2009) ¿Por qué entonces ese salto tan pronunciado en las importaciones en el 2007 y de nuevo en el presente?
La teoría microeconómica aproxima razones. Si los precios internos de la economía (como salarios y costos de las materias primas) están en ascenso y el dólar se encuentra quieto, existen incentivos por parte de los productores a sustituir producción local con producción importada más barata ya sea que se importen bienes de capital (útiles para continuar con el proceso productivo del país) o bienes de consumo. Este fue el paradigma vivido durante gran parte de los noventa y que desde hace un tiempo, reaparece a causa de la realidad macroeconómica vigente. De ahí el intento concreto de la secretaria de Comercio de imponer restricciones a las cantidades importadas, esto es, imponer una restricción física dado que los precios actuales de la economía incentivan las importaciones.
El correlato del aumento en las importaciones y su impacto sobre el empleo no es deseable, ya que, en algunos casos, anula la posibilidad de la producción local y de creación de empleo. Es por esto que la manipulación del tipo de cambio suele ser un instrumento de política monetaria utilizado por los gobiernos para alterar la suerte del proceso importador. A igualdad de otros factores, una devaluación de la moneda (como la del 2002 y como la del 2008-2009) encarece los productos internacionales desincentivando las importaciones e incentivando la producción local entre otras cosas.
En la actualidad, con la inflación en valores cercanos al veinticinco por ciento y el tipo de cambio congelado, la idea de querer evitar el crecimiento en las importaciones parece incompatible con la macroeconomía existente. No por nada, las políticas públicas actuales (aumento de tarifas aduaneras, restricciones a la cantidad, etc.) buscan contener el aluvión de importaciones que acompañan a una economía creciendo al siete por ciento y que pueden generar ciertas consecuencias sobre algunos sectores productivos locales, sobre todo con las elecciones en vista.
El ritmo de crecimiento importador y las implicancias sociales pueden coincidir, además, con aquello que hemos descripto en el pasado como las consecuencias de la apreciación real (ver nuestro informe de Julio). Por lo tanto, el trinomio “importaciones - producción nacional - apreciación” puede ser un elemento político de vital importancia en relación a las elecciones del 2011. Sobre todo, no por lo que efectivamente ocurra, sino por la percepción que tenga la población sobre ello.
Así las cosas, las importaciones no son causa, sino consecuencia, del alto nivel inflacionario que sufre el país desde hace tres años. El precio del dólar acusa un valor no lo suficientemente alto como para contener las cantidades de bienes importados que ingresan a diario por aduana. Si la idea de devaluación se encuentra lejos de los planes oficiales, posiblemente porque hoy no tendría el efecto expansivo del pasado, el futuro en la evolución de las importaciones parece quedar atado al crecimiento real de la economía en su conjunto.
Informe económico del mes de Agosto pasado-Publicación Septiembre.
Los recientes comentarios dentro de la macroeconomía local, ponen de moda la discusión acerca de que el actual proceso inflacionario está centrado en la suba de los precios de los alimentos.
Por un lado, se sostiene que para el 2010 la inflación fuerte estará concentrada en alimentos y bebidas (IPC- A-B). Por el otro, se argumenta que desde el 2007 hasta hoy (momento en el cual el consenso establece que la inflación se dispara) el IPC-A-B ha crecido, de manera notoria y aun más pronunciada, por arriba del índice general de precios. En este informe creemos, que ambas visiones, son por lo menos exageradas y proponemos un esbozo de resultados acorde a presentar un contrapunto utilizando simples datos de conocimiento público.
Con el fin de aumentar la transparencia, considérese datos arrojados por terceros, en este caso www.inflacionverdadera.com. Allí, al día 23 de agosto, la inflación anual para alimentos y bebidas se ubica en treinta por ciento mientras que la canasta básica lo hace en veintinueve por ciento. Esto es, tan solo un punto porcentual superior a los alimentos y bebidas. Si se realizan comparaciones anteriores (julio 2010 versus julio 2009, etc.), se notará que desde marzo del 2010, la brecha entre un rubro y el otro han ido convergiendo aunque la desaceleración en la canasta básica lo viene haciendo a un ritmo mayor.

Figura 1 (Fuente: www.inflacionverdadera.com).
Tal como se observa en la figura 1, el índice de precios de alimentos y bebidas posee un salto pronunciado cercano al seis por ciento en la variación mensual para algún momento del verano del 2010. Al analizar este quiebre, encontramos que se explica en un cincuenta por cierto por el aumento de precios en la carne vacuna, el cual además dejó un arrastre estadístico comenzado el otoño.

Figura 2 (Fuente: Elaboración Chi- Square).
Nótese así mismo la figura 2, calculando ahora ambos índices con datos de Chi Square, donde la desaceleración en el rubro alimentos y bebidas es remarcada. Creemos entonces, que para todo el 2010, la inflación en alimentos y bebidas responde a un salto estacional surgido en los meses de verano y que, si bien su valor es poco deseable, no dista en gran medida del aumento generalizado de precios que vive la economía en su conjunto. En otras palabras, existe un proceso inflacionario elevado que se presenta de manera homogénea en casi todos los bienes de la economía.
Si esto es válido para el 2010 ¿Qué ocurre en relación a los años anteriores? Un ejercicio interesante resulta de analizar la evolución de los alimentos y bebidas en comparación al resto de los bienes desde el 2007 en adelante. De esta manera, quedará claro si el aumento en los precios desde el momento en que Argentina tuvo una inflación superior al diez por ciento, fue alimento intensiva.
Al observar nuevamente la figura 1, el IPC A-B realiza su primer salto a principios del 2008 gracias al conflicto con el campo para luego estabilizarse (al igual que el resto de los precios). Los precios no sufren variaciones sustanciales durante finales del 2008 y mediados del 2009, periodo de incertidumbre global, caída generalizada de los bancos internacionales, descenso en la especulación financiera en las commodity, y caída en las expectativas globales.
De allí y hasta mediados del 2009, la Argentina buscó amortiguar el impacto de los malos augurios internacionales con una devaluación de su moneda, pasando de tener un dólar cercano a los $3.1 a $3.8 para agosto del 2009. La incertidumbre y la contracción de la actividad detuvieron el ascenso en nivel de precios general, que renació inmediatamente en cuanto la economía comenzó su recuperación. A partir de entonces, un nuevo ciclo de ascenso en todos los precios de la economía se consolida, pero por tres razones principales hacen que los alimentos sean los primeros en reaccionar:
1) Siendo los alimentos más sensibles a las variaciones del tipo de cambio, se realiza el traslado de la devaluación del periodo anterior; 2) la recuperación de la economía global y el aumento pronunciado en la demanda agregada por alimentos, que, junto a la devaluación mundial del dólar empujaron los precios hacia arriba; 3) la vuelta de los especuladores con apetito por el riesgo e inversión en commodity, empujando también los precios al alza.
Así las cosas, hasta febrero del 2010 los precios de alimentos versus el resto no presentaron diferencias sustanciales, dejando así el salto en la serie a la ya mencionada contracción en la oferta cárnica.
Nuestras proyecciones indican una desaceleración inflacionaria en la canasta básica ubicándose en un valor cercano al veintitrés por ciento para fines del 2010. Creemos que los alimentos y bebidas irán reaccionando y convergiendo a este valor, aunque aún en el presente no existen disparidades notorias en los valores actuales.
Detrás de eso, debe considerarse la política actual de dólar quieto y no ajuste de tarifas públicas/servicios, que si bien no logra hacer descender la inflación a valores normales (en su comparación internacional) la mantiene en el rango del veinte-veinticinco por ciento.
Informe economico del mes de Julio pasado- Publicación Agosto.
Llegado el mes de agosto y con tan solo cinco meses para cerrar el 2010, la economía Argentina vuelve a dar la nota. En materia de crecimiento supera las proyecciones brindadas por esta consultora y otras a principios del año. En materia inflacionaria, también, y no tanto por las expectativas de diciembre del 2009 sino por la ubicación relativa de la Argentina en comparación al resto del mundo: según datos estimados del FMI, nuestro país es el segundo con mayor inflación en el mundo.
La Figura 1 agrupa diversas tasas de inflación (estimadas para el 2010) para un total de 180 países según estimaciones del Fondo Monetario Internacional. A modo de ilustrar, tómese la primera columna: el número cinco en la parte superior indica que esa es la cantidad de países dentro de la muestra que registran una tasa de inflación menor al cero por ciento, esto es, deflación. Análogamente, la anteúltima columna, indica que existen en el mundo un total de cuarenta y cuatro países que registrarán una tasa de inflación entre el siete y el quince por ciento. Si buscamos un valor promedio para estipular la forma de la distribución de toda la muestra, este se encuentra cercano al cinco por ciento.¿Y donde se encuentra la Argentina? Con una inflación entre el veinte y el veinticinco por ciento según estimaciones propias, yace cómodamente en el rango top de países con una inflación mayor al quince por ciento. En ese segmento exclusivo, está por debajo de Venezuela (líder absoluto) pero por arriba de Eritrea (un país Africano con un PBI per capita de ochocientos dólares anuales) y Guinea.
Lejos de mencionar a la inflación como un problema grave y recurrente, elemento nada original por estos tiempos, los esbozos de resultados que sugiere la Figura 1 es una anomalía absoluta. La conclusión en este punto es obvia: el posicionamiento relativo de la argentina en relación al mundo, en una variable tan importante como inflación, es alarmante ya que es la democracia con mayor inflación en el mundo.
Pero del otro lado de la moneda, la situación es bien distinta. La figura 2 realiza un ejercicio similar al anterior pero con las tasas estimadas de crecimiento en el producto en términos reales. Una vez más, la muestra que se toma es el mundo utilizando datos para ciento ochenta países. Con un crecimiento estimado entre el seis y el siete por ciento, la Argentina se encuentra en el segundo grupo compartiendo podio con otros diez países y teniendo solo catorce delante.
La tasa promedio del mundo se ubica en valores cercanos al tres por ciento donde las posiciones lideres están encabezas por países emergentes. Nótese también la primera columna: un total de dieciocho países sufrirán contracciones en sus niveles de producto, a pesar de que el 2010 se estima como un año de recuperación para la mayoría de las economías mundiales.La Argentina de los extremos con su inflación y crecimiento por arriba de la media la convierte en una economía única: a lo largo de la muestra no existe país alguno que presente un crecimiento económico tan elevado con una inflación por arriba del diez por ciento.
Quedará por verse, si en definitiva, dejar que la economía navegue por valores de inflación entre el veinte y el veinticinco por cierto con un dólar quieto tiene implicancias en las bases macroeconómicas a futuro.
El debate entorno al salario mínimo:
Reunido el consejo de salario y aprobado un incremento en el mínimo, rumores surgieron acerca de que la inflación actual y pasada son el leit motiv de la política actual del gobierno de otorgar aumentos salariales con el fin de recomponer la masa salarial. Pero al intentar pensar la economía de esta manera, se esta cometiendo un error grave.
Erróneamente se cree los aumentos salariales del pasado (y actual aumento del salario mínimo), responden a dos fenómenos aislados: que por un lado, apareció la inflación sin entender sus razones de ser y que por el otro, el estado busca proactivamente recomponer la masa salarial a causa de esa misteriosa aparición.
Resulta más bien de manera contraria, que tuvo que ver con los efectos retardados de la maxi-devaluación (2002) y la mini-devaluación (2008-2009) y sus consecuencias en otros mercados, como el de trabajo.
Habiéndose multiplicado el tipo de cambio por cuatro, y una vez que la devaluación impactó sobre el mercado de trabajo, los salarios no crecieron proporcionalmente al incremento del dólar.
Si en un comienzo los efectos de la devaluación no se trasladaron a los salarios, fue gracias al enorme colchón de desempleados remanentes de la convertibilidad que le permitió al empresario local contratar la mano de obra necesaria ante el nuevo estimulo de precios relativos, que observaban favorables a las exportaciones y sustitución de importaciones.
Continuando con el impulso inicial y a medida que la economía empezó a hacer plena utilización de sus capacidades, los salarios elevaron sus tasas de crecimiento en concordancia con la transición hacia el tipo de cambio real de equilibrio. Superado cierto umbral, ingresó en una fase inercial (momento actual) trasladando los aumentos salariales al resto de los precios de la economía.
En palabras más sencillas, ha existido inflación porque hubo aumentos de salarios durante la postdevaluacion y fines del 2006: una mejora notoria de todos los indicadores. Durante ese proceso fue que mejoró notablemente la situación de bienestar de los sectores mas postergados.
El eje central de los párrafos anteriores trata de deslizar ciertos argumentos sobre los procesos devaluatorios. Al igual que en nuestro informe anterior, se trata de entender que los objetivos de tipo de cambio deben acoplarse a las condiciones macroeconómicas de un sistema económico.
Devaluar una moneda X entre un trescientos y un cuatrocientos por ciento, debería presuponer que (para que la devaluación sea expansiva) la economía podrá responder en términos de actividad ante dicho estimulo sin canalizarlo vía precios. De aquí se deriva entonces, que una depreciación exagerada de la moneda puede tener altas probabilidades de crear un régimen alto inflacionario.
Informe económico del mes de Junio pasado-Publicación Julio.
Fue Keynes, quien allá por el primer cuarto del siglo XX, dirigió una terrible cadena de discursiva con argumentos persuasivos para atacar la política revaluacionista llevada a cabo por Wiston Churchill. Hoy, en pleno siglo XXI y desde el otro lado del atlántico, el debate (sin Keynes, sin Churchill) sobre las consecuencias económicas de la apreciación cambiaria vuelve a asomar.
Entre la salida de la convertibilidad y los tiempos presentes, el tipo de cambio se ha multiplicado por una cifra cercana a cuatro. Al realizar una simple comparación internacional entre dos variables, devaluación versus inflación, notamos un patrón que se repite: las devaluaciones, tarde o temprano, terminan trasladándose a los precios internos de la economía.

La Figura 1 presenta esta evidencia, y donde notamos que para el caso Argentino, sin computar la inflación esperada para todo el 2010 y 2011, los precios parecen haber crecido por debajo de devaluación durante el 2002-2009. Una primera aproximación nos remite a la existencia del atraso cambiario durante la convertibilidad; una segunda, indicaría que ese punto se moverá verticalmente para arriba en cuanto se compute la inflación para el 2010 y 2011 asumiendo el dólar más o menos quieto. En otras palabras, la apreciación real, esa vivida durante gran parte de la convertibilidad, podría hacer una nueva aparición en un intento de revival noventoso.
La sintomatología de este fenómeno no es algo reciente, sino previsible, en tanto se intente analizar la evolución de ciertas variables. Cuando se habla de apreciación real, se dice que la economía se está volviendo cara medida dólares en relación al mundo.
Un buen indicador, por lo tanto, son los salarios medidos en dólares, que en nuestro informe de Junio sobre Mayo abordamos en profundidad; otro indicador es analizar la política monetaria existente durante el último tiempo (ver nuestro informe publicado en Abril sobre Marzo).
Así las cosas, el presente ofrece al agente económico una combinación de dólar quieto e inflación creciente que resulta en tasas de interés reales sustancialmente negativas, y como otras veces desde la post-convertibilidad, deviene en shock reales de consumo, sobre todo en servicios y bienes durables. Pero al final del camino, la coyuntura desde el punto de vista macroeconómico, requiere de un llamado de atención.
No existen motivos para creer que entre fines de del 2010 y principios del 2011, el dólar distará mucho de estos valores (estimamos un rango de $4,13-$4,19), ni tampoco que la inflación sufrirá una desaceleración considerable. Entonces, es probable que la economía navegue en algún punto del año próximo, una etapa de apreciación en el tipo de cambio real.
¿Qué quiere decir esto? Según los apuntes de la teoría económica, una situación de apreciación real desincentiva la producción de los bienes exportables y la sustitución de importaciones (aumentando la demanda por importaciones) debido a que la relación precio/costo se vuelve más adversa.
Así mismo, la demanda por bienes no comerciables (léase, sin relación alguna con el mercado externo y en función del mercado interno) empeora debido al encarecimiento relativo de estos a causa de la inflación, en relación a aquellos bienes que están atados al dólar, el cual se encuentra quieto.
A nivel macro, esto se vuelve evidente en el mercado de trabajo en donde el desempleo tiende a aumentar; en la balanza comercial, donde las importaciones aumentan, reduciendo el saldo comercial (el último superávit de una economía con nulo financiamiento de deuda). Considerando un 30% de pobreza y que el desempleo se redujo poco o nada desde el 2007 hasta el momento, todo esto es negativo en materia social.
Es difícil prever cómo afectará cuantitativamente (es decir, dar un número preciso) una situación como la descripta al producto bruto de la economía. Pero lo que sí es cierto, es que si el tipo de cambio real se encuentra apreciado (y con sus consecuencias sobre el mercado de empleo y la balanza comercial), el mercado, llegado el caso, esperara una nueva devaluación en el peso para reimpulsar la actividad. Una devaluación que crezca por arriba de la inflación, implica una tasa de interés real más alta.
Con una tasa de interés real más alta, la demanda por consumo e inversión se contraen, y la salida de capitales aumenta. Estos tres componentes terminan de reforzar una situación de apreciación real que previamente implicaba una coyuntura contractiva. En suma la economía se ve afectada por dos fuerzas: Primero, la apreciación real reduce la actividad general de la economía; segundo, vía el efecto tasa de interés, la demanda por consumo/inversión caen, añadiéndose así a la situación recesiva.
Lejos esta, en las intenciones de este informe, realizar futurología. Pero no resulta trivial mencionar que de continuar la tendencia en el desempeño de ciertas variables fundamentales dentro de la macroeconomía, la creación propicia para diversos escenarios se vuelve más o menos probable. El escenario descripto en este informe tiene probabilidad de ser, pero resulta complicado anticipar de qué manera lidiaría la economía, como sistema, ante semejante contexto.
De ocurrir, las magnitudes recesivas pueden ser imperceptibles, medianas o grandes. Como el margen para realizar devaluaciones sin que se trasladen a los precios es algo poco posible, la necesidad de un plan anti-inflacionario que evite la apreciación real, se vuelve cada vez más evidente a medida que transcurren los meses.
El reciente estancamiento en el tipo de cambio, sea tal vez una de las posibles señales que el gobierno este enviando al mercado, señal que intentaría despejar dudas sobre posibles devaluaciones en el corto plazo.
Pero es erróneo creer que el actual proceso inflacionario encuentra razones de ser en expectativas de devaluación elevadas (y de ahí la necesidad del anclar el tipo de cambio de cambio). Pero hemos descripto en el pasado que las verdaderas razones de la inflación son otras, y si el plan anti-inflacionario simplemente consta de ese único elemento, no será necesario anticipar su fracaso.
Informe económico del mes de Mayo pasado-Publicación Junio.
Las recientes noticias sobre los reclamos salariales arrojan un pedido promedio circa a 30%. Producto de la inercia inflacionaria de los últimos años y considerando que, a los salarios nominales de los de los sectores formales, informales y pobres les quedan aún un recorrido del 23%, 52%, y 46% para alcanzar el nivel de salario en dólares de 2001, para fin de este año los trabajadores formales tendrán un nivel salarial equivalente/superior al salario en dólares pre-crisis. Y si bien los aumentos para informales y pobres aun no son suficientes para alcanzar los niveles de la convertibilidad, de continuar la tendencia, para el 2011 podrían encontrarse cerca.
¿Cuál es la historia detrás de esta historia? ¿Sera el mejor lema de campaña “crecemos a tasas Chinas pero con los salarios de la convertibilidad”?
El periodo blanco: 2002-2006.
Los efectos de la maxi-devaluación (2002) tuvieron efectos reales sobre el mercado de trabajo y fue durante este periodo que los salarios nominales del sector formal, informal y pobres crecieron respectivamente 73%, 27% y 52%. Así las cosas, el ingreso de los sectores más bajos fue el segundo mayor beneficiado, aunque al ser los formales los que mejor pudieron acomodarse ante la puja salarial, existió cierta regresividad dentro de la pirámide salarial.
Esto se vuelve más evidente si deflactamos por el índice de precios al consumidor. Tomando como punta el primer mes del 2002 y el primer mes del 2006, los precios crecieron alrededor del 65%. Esto muestra que para fin del periodo, los únicos que lograron obtener un salario real más alto fueron los trabajadores formales, esto es, los que pudieron ganarle a la inflación, mientras que los informales y pobres quedaron con un salario real más bajo en comparación al inicio del periodo, en el 2002.
Dicho esto, fue durante este periodo que la mayoría de los indicadores sociales mejoraron, en particular, la pobreza descendió desde un 60% hasta un 25%.
¿Cómo fue esto posible? Seguida la devaluación y su efecto sobre salarios reales más bajos (que puede observarse a través del tipo de cambio real depreciado), existió un aumento en la demanda de trabajo en aquellos sectores de la economía más sensibles a variaciones en el tipo de cambio tales como exportables y sustitución de importaciones. Luego, el efecto multiplicador de estos sobre el resto de los sectores más abocados al mercado interno, generaron en su totalidad un aumento en la demanda agregada de trabajo, que al encontrar un exceso de oferta de mano de obra disponible, iniciaron un proceso de recuperación integral sin poner presiones considerables sobre el salario laboral.
Esta tendencia, se vio parcialmente interrumpida a principios del 2007, periodo en que la economía se acercó a su producto potencial y momento en el cual la inflación aceleró notablemente su crecimiento, lo cual nos lleva a una segunda etapa de análisis.
El periodo gris: 2006-2009.
La figura 2 muestra que, entre otras cosas, los salarios del sector formal, informal, y pobre crecieron entre el 2006-2009 un 79%, 97%, 72% muy superior al crecimiento del periodo previo (2002-2006) y logrando una mayor tasa en el sector informal. Estos valores habilitaron un pequeño crecimiento en el salario real, si se contempla una inflación acumulada para todo el periodo entorno al 75%-77%.
Si bien, y como demuestran estos datos, durante el periodo en cuestión el sector que no le pudo ganar a la inflación solo fue el pobre (un aumento de salario del 72% versus un aumento de precios del 75%) las diferencias son significativamente más pequeñas de lo argumentado por otras voces. Es precisamente por esto, que la hipótesis de una economía dual donde los sectores postergados sean los más perjudicados por el proceso inflacionario actual no es necesariamente cierta y es lo que demuestran estos datos.
No obstante, fue también durante este periodo que la pobreza no continuó con su tendencia descendente sino que inclusive, aumentó entre unos 3.5%-4.5%. Es curioso, entonces, que para una economía que mantuvo en mayor o menor medida el poder adquisitivo de su masa salarial y que creció en términos reales un acumulado del orden de 14%-16%, con gasto publico creciendo al 30% anual y con políticas fiscales redistributivas (ingreso universal), la pobreza no solo haya disminuido sino también aumentado algunos puntos.
Una posible explicación tal vez se pueda encontrar dentro de la estructura del mercado laboral. Desde el 2006 en adelante, la tasa de desempleo rondó +- 7.5%-9.0%. Esto es, a diferencia del primer periodo 2002-2006 que fue trabajo intensiva, en la segunda etapa el empleo mejoró poco o nada. Posiblemente porque la mano de obra se encareció relativamente al capital y porque la economía se encontró en reiteradas ocasiones con los límites de producción, siempre muy cerca de su producto potencial (zona sustancialmente sensible a los aumentos de precios) no hubo manera de continuar con el crecimiento del empleo a causa del crecimiento económico (como fue en la etapa anterior).
Pareciera ser que si bien los salarios medidos en dólares se encuentran cada vez más cerca de los valores de la convertibilidad, y que además, tanto los formales, informes y pobres, han aprendido a crecer en términos similares a la inflación (jugando un bis a bis de causas y efectos), uno de los puntos elementales para el desarrollo económico (pobreza) continua demandando de alguna otra política pública más compleja para su solución.
Volviendo al tema salarial y mirando la coyuntura actual, observamos un crecimiento parejo entre salarios e inflación esperada. Quedará por ver como este esquema puede convivir en un escenario de dólar quieto donde las posibilidades de devaluación (por las precisas razones descriptas más arriba) quedan descartadas. La lógica económica indicaría que una situación de apreciación real (dólar quieto-precios internos en alza), en el corto plazo, puede devenir en situaciones de desequilibrios macroeconómicos con punto de quiebre en una desaceleración del crecimiento.
Pero sorprendentemente, y como tantos pronósticos desacertados de los últimos años, las variables económicas no sugieren de ninguna manera dicha posibilidad: ¿Sera entonces que el 2011 ofrecerá tasas chinas con salarios de la convertibilidad?
Informe economico del mes de Abril pasado- Publicación Mayo.
A mediados del mes de Abril, se confirmó que las utilidades del BCRA ascendieron a $23.546, 2 millones. Debido a que el estado es el único accionista del BCRA, y como tal, toma las decisiones respecto a su destino, se decidió transferir la totalidad del mismo al tesoro para satisfacer las necesidades fiscales y de deuda. En este informe, abordaremos tres cuestiones: 1) Como se componen las utilidades, 2) Que necesidades tiene el gobierno y por que acude a las utilidades del BCRA, 3) Implicancias macroeconómicas.
¿Cómo se componen las utilidades del BCRA? Según el informe presentado por el BCRA, el principal componente provino del diferencial medido en pesos a causa de la devaluación durante el 2009. Esto es, debido a que en el 2009 existió una devaluación del peso contra el dólar cercano al 10%, esto aportó aproximadamente unos $12.000 gracias a la nueva valuación de los activos. Adicionalmente, la revalorización de títulos públicos de deuda (en cartera del BCRA) y la administración de reservas (U$D 47.970) aportaron unos $7.000 y $4.500 respectivamente. Nótese que el principal componente de las utilidades provino del proceso devaluatorio, lo que sugiere que a igualdad de otros factores, siempre existe un incentivo a devaluar la moneda al menos contablemente. Posiblemente detrás del fenómeno devaluatorio del 2009 existan razones de escalada inflacionaria acumulada durante el 2007 y 2008 que buscó recomponer la competitividad pérdida; queda abierta la discusión si esa decisión de política monetaria tuvo efectos reales sobre la economía.
¿Qué necesidades tiene el gobierno? ¿Qué hay de interesante en el fondo? Debe pensarse que el gobierno a lo largo del 2010 tiene objetivos llamados compromisos en pesos (donde se encuentra el déficit primario fiscal cercano a los 2.000 millones de dólares-este número surge de no considerar ingresos extraordinarios como los ingresos de ANSES- y los servicios de Deuda intereses y capital en pesos) y compromisos en dólares (donde se encuentra los servicios de Deuda intereses y Capital en dólares).
Los compromisos en pesos asumiendo un tipo de cambio para fin de año cercano a los 4 pesos por dólar, arrojan una totalidad de $ 17.600. Con mercados de capitales cerrados, tasas muy altas exigidas por el mercado y con gastos fiscales por arriba de los ingresos, esta totalidad, al menos bajo nuestro punto de vista, será afrontada con las utilidades provenientes del BCRA. De esa manera, una vez saldado el déficit fiscal y los servicios de deuda en pesos ($23.5-$17.6), aun quedaran unos $ 6.000 en exceso provenientes de las utilidades que podrán ser usados para los compromisos en dólares o para el año fiscal 2011.
Los compromisos en dólares ascienden a los U$D 4.720, de los cuales cerca de U$D 2.000 pertenecen a Organismos Internacionales. Si bien el origen de los fondos para honrar dicho compromiso está siendo discutido actualmente en el Congreso, léase pago de deuda con Reservas, debe considerarse que bajo el concepto de reservas excedentes, el gobierno puede acceder por lo menos a U$D 2.000 para afrontar el pago contra los Organismos. Adicionalmente, los Adelantos Transitorios estipulados bajo la carta orgánica podrían arrojar para fin de año otros U$D 1.715. De esta manera, aun si contar con la aprobación parlamentaria, el gobierno obtendrá unos U$D 3.715 para afrontar el pago de deuda en dólares. Los U$D 1.000 restantes, o bien se pueden obtener con la colocación de un bono, o con los $6.000 excedentes de las Utilidades del BCRA mencionados mas arriba.
¿Cuáles son las implicancias macroeconómicas? Debe considerarse que estas acciones despejan dudas sobre la incertidumbre fiscal a lo largo del 2010 y facilitan el horizonte de planeamiento. Adicionalmente, se consideran como buenas señales para un inminente regreso al mercado de deuda (el gobierno ya se mostro reacio a colocar deuda con tasas de dos dígitos). Por su parte, bajo nuestra esquema de pensamiento, consideramos que a diferencia de lo que comúnmente se está discutiendo, las utilidades del BCRA y el Fondo de Desendeudamiento no tienen un efecto monetario que genere una aceleración en la actual tasa de inflación. Para revisar estos argumentos, recomendamos ver nuestros informes publicados en Marzo y Abril.
No obstante, dos consideraciones deben tenerse en cuenta. En primer lugar, no en todos los periodos se pueden obtener utilidades tan altas. Esto ocurre, principalmente, porque no todos los años pueden generarse devaluaciones cercanas al 10%. Aun más, no queda mucho recorrido, dadas las condiciones estructurales de la macro, para pensar en devaluaciones significativas que empujen las Utilidades del BCRA para arriba (tal vez el 2011 sea el último caso de utilidades significativas). En segundo lugar, la inyección monetaria que implica las Utilidades del BCRA (emisión encubierta) bajo un tipo de cambio fijo como el actual, presentan la paradoja de ser exitosas (esto es, no inflacionaria) en un contexto de alto crecimiento y alta inflación. A modo de ejemplo, las necesidades por demanda de pesos para el 2010 se encontrarán cerca del 30 % (numero que surge de considerar la inflación y el crecimiento real con una elasticidad-PIB unitaria). Este número, si bien no acelera la tasa de inflación actual, abre la puerta para una expansión de base monetaria lo suficientemente alta como para mantener el tipo de cambio deseado. Sobre este espacio creado, es donde los billetes provenientes de las utilidades del BCRA descansan sin generar nueva inflación, lo que no quita que esa misma política avale la inercia inflacionaria del 20-30% provenientes de periodos pasados. Sobre este punto, recomendamos nuestro informe de Abril.
¿Cómo se componen las utilidades del BCRA? Según el informe presentado por el BCRA, el principal componente provino del diferencial medido en pesos a causa de la devaluación durante el 2009. Esto es, debido a que en el 2009 existió una devaluación del peso contra el dólar cercano al 10%, esto aportó aproximadamente unos $12.000 gracias a la nueva valuación de los activos. Adicionalmente, la revalorización de títulos públicos de deuda (en cartera del BCRA) y la administración de reservas (U$D 47.970) aportaron unos $7.000 y $4.500 respectivamente. Nótese que el principal componente de las utilidades provino del proceso devaluatorio, lo que sugiere que a igualdad de otros factores, siempre existe un incentivo a devaluar la moneda al menos contablemente. Posiblemente detrás del fenómeno devaluatorio del 2009 existan razones de escalada inflacionaria acumulada durante el 2007 y 2008 que buscó recomponer la competitividad pérdida; queda abierta la discusión si esa decisión de política monetaria tuvo efectos reales sobre la economía.
¿Qué necesidades tiene el gobierno? ¿Qué hay de interesante en el fondo? Debe pensarse que el gobierno a lo largo del 2010 tiene objetivos llamados compromisos en pesos (donde se encuentra el déficit primario fiscal cercano a los 2.000 millones de dólares-este número surge de no considerar ingresos extraordinarios como los ingresos de ANSES- y los servicios de Deuda intereses y capital en pesos) y compromisos en dólares (donde se encuentra los servicios de Deuda intereses y Capital en dólares).
Los compromisos en pesos asumiendo un tipo de cambio para fin de año cercano a los 4 pesos por dólar, arrojan una totalidad de $ 17.600. Con mercados de capitales cerrados, tasas muy altas exigidas por el mercado y con gastos fiscales por arriba de los ingresos, esta totalidad, al menos bajo nuestro punto de vista, será afrontada con las utilidades provenientes del BCRA. De esa manera, una vez saldado el déficit fiscal y los servicios de deuda en pesos ($23.5-$17.6), aun quedaran unos $ 6.000 en exceso provenientes de las utilidades que podrán ser usados para los compromisos en dólares o para el año fiscal 2011.
Los compromisos en dólares ascienden a los U$D 4.720, de los cuales cerca de U$D 2.000 pertenecen a Organismos Internacionales. Si bien el origen de los fondos para honrar dicho compromiso está siendo discutido actualmente en el Congreso, léase pago de deuda con Reservas, debe considerarse que bajo el concepto de reservas excedentes, el gobierno puede acceder por lo menos a U$D 2.000 para afrontar el pago contra los Organismos. Adicionalmente, los Adelantos Transitorios estipulados bajo la carta orgánica podrían arrojar para fin de año otros U$D 1.715. De esta manera, aun si contar con la aprobación parlamentaria, el gobierno obtendrá unos U$D 3.715 para afrontar el pago de deuda en dólares. Los U$D 1.000 restantes, o bien se pueden obtener con la colocación de un bono, o con los $6.000 excedentes de las Utilidades del BCRA mencionados mas arriba.
¿Cuáles son las implicancias macroeconómicas? Debe considerarse que estas acciones despejan dudas sobre la incertidumbre fiscal a lo largo del 2010 y facilitan el horizonte de planeamiento. Adicionalmente, se consideran como buenas señales para un inminente regreso al mercado de deuda (el gobierno ya se mostro reacio a colocar deuda con tasas de dos dígitos). Por su parte, bajo nuestra esquema de pensamiento, consideramos que a diferencia de lo que comúnmente se está discutiendo, las utilidades del BCRA y el Fondo de Desendeudamiento no tienen un efecto monetario que genere una aceleración en la actual tasa de inflación. Para revisar estos argumentos, recomendamos ver nuestros informes publicados en Marzo y Abril.
No obstante, dos consideraciones deben tenerse en cuenta. En primer lugar, no en todos los periodos se pueden obtener utilidades tan altas. Esto ocurre, principalmente, porque no todos los años pueden generarse devaluaciones cercanas al 10%. Aun más, no queda mucho recorrido, dadas las condiciones estructurales de la macro, para pensar en devaluaciones significativas que empujen las Utilidades del BCRA para arriba (tal vez el 2011 sea el último caso de utilidades significativas). En segundo lugar, la inyección monetaria que implica las Utilidades del BCRA (emisión encubierta) bajo un tipo de cambio fijo como el actual, presentan la paradoja de ser exitosas (esto es, no inflacionaria) en un contexto de alto crecimiento y alta inflación. A modo de ejemplo, las necesidades por demanda de pesos para el 2010 se encontrarán cerca del 30 % (numero que surge de considerar la inflación y el crecimiento real con una elasticidad-PIB unitaria). Este número, si bien no acelera la tasa de inflación actual, abre la puerta para una expansión de base monetaria lo suficientemente alta como para mantener el tipo de cambio deseado. Sobre este espacio creado, es donde los billetes provenientes de las utilidades del BCRA descansan sin generar nueva inflación, lo que no quita que esa misma política avale la inercia inflacionaria del 20-30% provenientes de periodos pasados. Sobre este punto, recomendamos nuestro informe de Abril.
Informe economico sobre Marzo pasado- Publicación Abril.
Los debates en torno a la creación del Fondo Bicentenario, a la emisión monetaria para cubrir los déficits fiscales y el retorno del impuesto inflacionario como recurso de financiación, han degenerado en debates de todo tipo sembrando más dudas que certezas. Es todo muy poco claro. Lo cierto es que aun la incertidumbre propia del proceso inflacionario está más cerca del 30% que del 20%, y por tanto, intentaremos en este informe aclarar algunas cuestiones que sirvan para entender la situación actual.
¿Es la actual política monetaria inflacionaria? ¿Cuáles son los peligros de que las utilidades del BCRA que transfiera al tesoro motiven la actual suba de precios? Un buen punto de partida es aclarar que el esquema cambiario actual es de tipo de cambio fijo, con valores actuales en $3.88 y con una banda devaluatoria cercana a $4.10 y $4.20. Se sabe entonces que el dólar se mantiene en estos valores o bien sube, pero difícilmente baje. Para sostener este precio del billete verde, el central tiene que regular la cantidad de pesos en circulación dentro de la economía. Ahora bien, en cada período, por ejemplo para el año 2010, las necesidades monetarias de un país (a la cual nos podemos aproximar por una demanda por pesos) están en base al aumento de precios (25%-30%) y el crecimiento real del PBI (5-6%). Estos aumentos en la demanda de dinero son acompañados rigurosamente por aumentos en la oferta de dinero con el fin de fijar el valor del tipo de cambio en los valores deseados. Es por eso mismo que bajo este régimen, es inútil hablar de políticas expansivas o contractivas en la medida que se esté fijando (y deseando mantener) un tipo de cambio fijo . Si pensamos en una situación tal como la plantean muchos economistas de exceso en la cantidad de pesos, el primer indicio que observaríamos sería en el tipo de cambio: veríamos un tipo de cambio más alto que inicia una escalada en ascenso.
Por tanto, es lógico considerar que en la medida que el Banco Central no sea contradictorio con sus objetivos, bajo un tipo de cambio fijo, las expansiones monetarias por arriba de la cantidad necesaria para la economía acabaran anulándose a sí misma. Todos los pesos que, llegado el caso, estén sobrando y la gente se quiera sacar de sus bolsillos irán a parar indefectiblemente al Banco Central, que en su afán por mantener su objetivo de tipo de cambio, los cambiara por dólares.
En la medida que el Banco Central no intervenga, llegado el caso de un exceso de pesos en el mercado cambiario a causa de la emisión o contracción en la demanda, la moneda se devaluara y será esa misma devaluación un motivo de inflación. Por tanto y mas allá de lo estipulado en la Carta Orgánica del BCRA, es irrelevante si la emisión monetaria para cubrir el déficit (aunque no es nada recomendable) se basa en la alquimia algebraica de las utilidades del BCRA o de una emisión que proviene directamente de la maquina imprime billetes, con el tipo de cambio fijo, la emisión no tiene ningún efecto inflacionario.
¿Hasta qué punto es sostenible esta política? En la medida que el Banco Central cuente con los dólares suficientes como para respaldar la cantidad de billetes en circulación, esto es, tener el poder suficiente para respaldar esa paridad, no existen riesgos de que el dólar se le escape. Si el dólar no se le escapa, se contiene una mega devaluación. Actualmente y según cálculos del ex Ministro Cavallo que publicó en su página web, el 80% de la base monetaria está respaldada genuinamente. Si bien no existe un consenso internacional de mucho o poco, este número se considera más que positivo. Inclusive aun, si se echa mano en las reservas para pagar deuda o financiar gasto público (ver nuestro informe de marzo sobre febrero), con la nueva relación base/reservas el Banco Central todavía podrá defender la paridad circa $3.8. Solo en el potencial escenario que ese ratio se deteriore el Central no podrá defender la paridad, pero dado el stock de reservas y el influjo de dólares previstos para el año, ese escenario es totalmente improbable.
Por lo tanto, es irrelevante el pasado en la formación de expectativas a futuro a partir del momento que el “remarcamiento” de precios del mañana se realiza en el presente. No existe motivo alguno para pensar que los precios en la economía bajarán, ergo, no tiene sentido arriesgarse.
Si la situación fiscal, tal como hemos analizado en informes pasados, queda medianamente fuera de peligro, el nuevo debate que parecería asomarse tomando en cuenta lo dicho más arriba resultaría en la posibilidad de un atraso cambiario. Con la inflación ganándole a la devaluación y con el efecto inercial de la primera, es posible que el fin del 2010 y la primera parte del 2011 nos encuentre en una apreciación cambiaria real, la cual indefectiblemente retardara el crecimiento del empleo.
¿Es la actual política monetaria inflacionaria? ¿Cuáles son los peligros de que las utilidades del BCRA que transfiera al tesoro motiven la actual suba de precios? Un buen punto de partida es aclarar que el esquema cambiario actual es de tipo de cambio fijo, con valores actuales en $3.88 y con una banda devaluatoria cercana a $4.10 y $4.20. Se sabe entonces que el dólar se mantiene en estos valores o bien sube, pero difícilmente baje. Para sostener este precio del billete verde, el central tiene que regular la cantidad de pesos en circulación dentro de la economía. Ahora bien, en cada período, por ejemplo para el año 2010, las necesidades monetarias de un país (a la cual nos podemos aproximar por una demanda por pesos) están en base al aumento de precios (25%-30%) y el crecimiento real del PBI (5-6%). Estos aumentos en la demanda de dinero son acompañados rigurosamente por aumentos en la oferta de dinero con el fin de fijar el valor del tipo de cambio en los valores deseados. Es por eso mismo que bajo este régimen, es inútil hablar de políticas expansivas o contractivas en la medida que se esté fijando (y deseando mantener) un tipo de cambio fijo . Si pensamos en una situación tal como la plantean muchos economistas de exceso en la cantidad de pesos, el primer indicio que observaríamos sería en el tipo de cambio: veríamos un tipo de cambio más alto que inicia una escalada en ascenso.
Por tanto, es lógico considerar que en la medida que el Banco Central no sea contradictorio con sus objetivos, bajo un tipo de cambio fijo, las expansiones monetarias por arriba de la cantidad necesaria para la economía acabaran anulándose a sí misma. Todos los pesos que, llegado el caso, estén sobrando y la gente se quiera sacar de sus bolsillos irán a parar indefectiblemente al Banco Central, que en su afán por mantener su objetivo de tipo de cambio, los cambiara por dólares.
En la medida que el Banco Central no intervenga, llegado el caso de un exceso de pesos en el mercado cambiario a causa de la emisión o contracción en la demanda, la moneda se devaluara y será esa misma devaluación un motivo de inflación. Por tanto y mas allá de lo estipulado en la Carta Orgánica del BCRA, es irrelevante si la emisión monetaria para cubrir el déficit (aunque no es nada recomendable) se basa en la alquimia algebraica de las utilidades del BCRA o de una emisión que proviene directamente de la maquina imprime billetes, con el tipo de cambio fijo, la emisión no tiene ningún efecto inflacionario.
¿Hasta qué punto es sostenible esta política? En la medida que el Banco Central cuente con los dólares suficientes como para respaldar la cantidad de billetes en circulación, esto es, tener el poder suficiente para respaldar esa paridad, no existen riesgos de que el dólar se le escape. Si el dólar no se le escapa, se contiene una mega devaluación. Actualmente y según cálculos del ex Ministro Cavallo que publicó en su página web, el 80% de la base monetaria está respaldada genuinamente. Si bien no existe un consenso internacional de mucho o poco, este número se considera más que positivo. Inclusive aun, si se echa mano en las reservas para pagar deuda o financiar gasto público (ver nuestro informe de marzo sobre febrero), con la nueva relación base/reservas el Banco Central todavía podrá defender la paridad circa $3.8. Solo en el potencial escenario que ese ratio se deteriore el Central no podrá defender la paridad, pero dado el stock de reservas y el influjo de dólares previstos para el año, ese escenario es totalmente improbable.
Por lo tanto, es irrelevante el pasado en la formación de expectativas a futuro a partir del momento que el “remarcamiento” de precios del mañana se realiza en el presente. No existe motivo alguno para pensar que los precios en la economía bajarán, ergo, no tiene sentido arriesgarse.
Si la situación fiscal, tal como hemos analizado en informes pasados, queda medianamente fuera de peligro, el nuevo debate que parecería asomarse tomando en cuenta lo dicho más arriba resultaría en la posibilidad de un atraso cambiario. Con la inflación ganándole a la devaluación y con el efecto inercial de la primera, es posible que el fin del 2010 y la primera parte del 2011 nos encuentre en una apreciación cambiaria real, la cual indefectiblemente retardara el crecimiento del empleo.
Informe economico sobre Febrero pasado- Publicación Marzo..
El contexto de incertidumbre política sumado a la expectativa de inflación para todo el 2010, generaron un pánico que dio como resultado un aumento en la dolarización en los portfolios y una suba en la salida de capitales por U$1300. Para demostrar su potencia y dominio sobre el mercado, el BCRA salió a defender la moneda en el mercado de cambios exitosamente. Creemos que se trata de un shock transitorio y en la medida que la situación política se regularice, esta tendencia se revertirá. Debe considerase también que al peso todavía le quedan unos cuantos puntos por recorrer hasta converger hasta su valor esperado (4.10-4.20); y en la medida en que la moneda se encuentre lejos de ese valor, siempre habrá incentivos a deshacer portfolio en pesos...
Para obtener el informe completo, contactarse al correo que figura a la izquierda.
En los Medios: Nota en Infobae Profesional.
Informe economico del mes de Enero pasado- Publicación Febrero.
En nuestro informe del corriente mes sobre la evolución de precios, el número presentado genero sorpresas. El mes de Enero arrojo un incremento en el índice 2.23%. Tomando este número y proyectándolo a lo largo del año, la inflación para todo el 2010 se ubicaría entorno al 27%. No solo vale descontar que una inflación cercana al 30% se encuentra muy por afuera de los valores internacionales y se considera como algo indeseable, sino que además supera los pronósticos más negativos en materia inflacionaria.
No hay intenciones de sonar repetitivos, pero volvemos a remarcar que la variable macroeconómica a observar durante todo el 2010 será la inflación. Tal como mencionamos en el informe de enero sobre diciembre del 2009: Un crecimiento del 7% potencia las probabilidades de obtener una inflación por arriba del 15% y sin techo alguno. El mercado parece estar observando si el gobierno tiene (o no) problemas para pagar su deuda y si se preserva (o no) el valor de la moneda. En ese escenario, una política antiinflacionaria no enfriaría la economía, sino todo lo contrario, bajaría la tasa de interés real así como las expectativas inflacionarias permitiendo que el producto se expanda. La señal política es clara: la sensación de “felicidad económica” que implica un crecimiento macroeconómico del 6%, por ejemplo, puede verse claramente contrarrestado por una inflación del 25%.
Los elementos que están atacando la buena confianza del empresario medio, son las pujas salariales y el alto costo del crédito. En relación a la primera, en estos últimos días los diarios han anunciado que los pedidos rondaran entre el 22% y 25%. En relación a la segunda, el costo de pedir un crédito (30%) sigue en tasas suficientemente altas como para desalentar cualquier proyecto de inversión. De no mediar con esta dualidad, la cual tiene sus bases sobre la inflación y la expectativa inflacionaria, resulta en una combinación de trabajo y capital caro que no hace atractiva la inversión en el país.
El debate Central-Fondo Bicentenario también nos permite unos comentarios en materia fiscal. En primer lugar, sería prudente aclarar que la transferencia de reservas al tesoro no genera inflación. En todo caso, la expansión del gasto, mas allá de cómo sea financiado, puede aportar algunos puntos marginales a la tasa de inflación, pero no en valores significativos.
Los intereses que generan la deuda siguen siendo, en algún punto, asfixiantes. Para tomar tan solo un ejemplo, los intereses pagados en 2009 representan el 10% del gasto primario nacional. Para este año el número baja a un 6%, pero lo ganado en este terreno se va a un aumento del gasto primario: de una expansión del 30% en 2009, a una de 27% en 2010. Prescindiendo de cuestiones ideológicas que dictaminan como se debe o no comportar el gasto público y basándonos en conclusiones empíricas, el nivel de gasto de público Argentino como porcentaje del producto es comparativamente bajo a niveles bajos. El punto débil, si cabe el termino, es expandir el gasto a tasas cercanas al 30% porque no solo puede potenciar la expansión inflacionaria, sino que además pone en duda la capacidad de repago que se traduce en desconfianza y mayores tasas de intereses.
Resulta entonces que el “secreto fiscal del 2010” estará explicado, en gran medida, por las utilidades provenientes del BCRA (estimadas en $20.000) y a la inflación no esperada que potencie los valores recaudatorios. Lo curioso es que el superávit financiero (una vez descontado el pago por intereses de la deuda) en el 2008 es exactamente igual a la suma de los déficits financieros del 2009 y 2010. Por esto mismo, como hemos sostenido desde fines del 2009 en informes pasados, la situación fiscal para el 2010 está prácticamente libre de dudas.
En relación a la situación de las provincias conviene mantener la lupa sobre sus cuentas. Aunque no hay casos en estado de alerta, la situación general está lejos de ser favorable. En relación al 2011, a mitad de este año estaremos en condiciones de dar un escenario más propicio.
Finalmente, valdrá la pena esbozar algunos comentarios relacionados al nivel de actividad. La producción de autos, en relación a enero del 2009 se expandió cerca del 68.8%. El alto valor de este número se explica por dos motivos principalmente. En primer lugar, la tendencia de recuperación que viene evidenciando la economía nacional. En segundo lugar, los bajos valores de enero del 2009, uno de los puntos más flacos de la crisis.
Más interesante aun, la exportación de autos se incremento un 137.8%. En tanto las perspectivas de la economía Brasilera continúen en esta línea, las perspectivas para el sector son positivas, dado que el país Carioca es uno de los principales compradores.
No hay intenciones de sonar repetitivos, pero volvemos a remarcar que la variable macroeconómica a observar durante todo el 2010 será la inflación. Tal como mencionamos en el informe de enero sobre diciembre del 2009: Un crecimiento del 7% potencia las probabilidades de obtener una inflación por arriba del 15% y sin techo alguno. El mercado parece estar observando si el gobierno tiene (o no) problemas para pagar su deuda y si se preserva (o no) el valor de la moneda. En ese escenario, una política antiinflacionaria no enfriaría la economía, sino todo lo contrario, bajaría la tasa de interés real así como las expectativas inflacionarias permitiendo que el producto se expanda. La señal política es clara: la sensación de “felicidad económica” que implica un crecimiento macroeconómico del 6%, por ejemplo, puede verse claramente contrarrestado por una inflación del 25%.
Los elementos que están atacando la buena confianza del empresario medio, son las pujas salariales y el alto costo del crédito. En relación a la primera, en estos últimos días los diarios han anunciado que los pedidos rondaran entre el 22% y 25%. En relación a la segunda, el costo de pedir un crédito (30%) sigue en tasas suficientemente altas como para desalentar cualquier proyecto de inversión. De no mediar con esta dualidad, la cual tiene sus bases sobre la inflación y la expectativa inflacionaria, resulta en una combinación de trabajo y capital caro que no hace atractiva la inversión en el país.
El debate Central-Fondo Bicentenario también nos permite unos comentarios en materia fiscal. En primer lugar, sería prudente aclarar que la transferencia de reservas al tesoro no genera inflación. En todo caso, la expansión del gasto, mas allá de cómo sea financiado, puede aportar algunos puntos marginales a la tasa de inflación, pero no en valores significativos.
Los intereses que generan la deuda siguen siendo, en algún punto, asfixiantes. Para tomar tan solo un ejemplo, los intereses pagados en 2009 representan el 10% del gasto primario nacional. Para este año el número baja a un 6%, pero lo ganado en este terreno se va a un aumento del gasto primario: de una expansión del 30% en 2009, a una de 27% en 2010. Prescindiendo de cuestiones ideológicas que dictaminan como se debe o no comportar el gasto público y basándonos en conclusiones empíricas, el nivel de gasto de público Argentino como porcentaje del producto es comparativamente bajo a niveles bajos. El punto débil, si cabe el termino, es expandir el gasto a tasas cercanas al 30% porque no solo puede potenciar la expansión inflacionaria, sino que además pone en duda la capacidad de repago que se traduce en desconfianza y mayores tasas de intereses.
Resulta entonces que el “secreto fiscal del 2010” estará explicado, en gran medida, por las utilidades provenientes del BCRA (estimadas en $20.000) y a la inflación no esperada que potencie los valores recaudatorios. Lo curioso es que el superávit financiero (una vez descontado el pago por intereses de la deuda) en el 2008 es exactamente igual a la suma de los déficits financieros del 2009 y 2010. Por esto mismo, como hemos sostenido desde fines del 2009 en informes pasados, la situación fiscal para el 2010 está prácticamente libre de dudas.
En relación a la situación de las provincias conviene mantener la lupa sobre sus cuentas. Aunque no hay casos en estado de alerta, la situación general está lejos de ser favorable. En relación al 2011, a mitad de este año estaremos en condiciones de dar un escenario más propicio.
Finalmente, valdrá la pena esbozar algunos comentarios relacionados al nivel de actividad. La producción de autos, en relación a enero del 2009 se expandió cerca del 68.8%. El alto valor de este número se explica por dos motivos principalmente. En primer lugar, la tendencia de recuperación que viene evidenciando la economía nacional. En segundo lugar, los bajos valores de enero del 2009, uno de los puntos más flacos de la crisis.
Más interesante aun, la exportación de autos se incremento un 137.8%. En tanto las perspectivas de la economía Brasilera continúen en esta línea, las perspectivas para el sector son positivas, dado que el país Carioca es uno de los principales compradores.
Informe economico del mes de Diciembre pasado- Publicación Enero.
Durante el mes de diciembre se dieron a conocer los datos de la economía de noviembre, según el estimador de la consultora O-F. Este número nos dice que la actividad económica en general creció un 0.6% en relación a noviembre del 2008, confirmando la tendencia de la ultima parte del 2009 sobre una pronta recuperación. Si bien este dato positivo no podrá evitar que el producto bruto interno haya decrecido para todo el 2009, deja un punto inercial de expansión para el 2010. Aquí volvemos a repetir lo mencionado en nuestros informes anteriores: estimamos un piso de 4% de crecimiento para el 2010.
En comparación con nuestros informes anteriores, donde afirmábamos un crecimiento aproximado del 4%, creemos que tres elementos fundamentales motivan a agregar la palabra “piso”. Detallamos aquí esos puntos fundamentales del nuevo tejido económico que se depara para todo el 2010 advirtiendo también sobre los potenciales riesgos.
Un buen punto de arranque para entender las expectativas económicas es observar internamente. El propio gobierno ha anunciado que se sentiría cómodo con una batería de medidas que potencien el crecimiento económico al 7%. Para lograr dicho cometido, se apuesta a motivar la producción interna a través de un mayor consumo de la población general. Es por esto, que el 2010 podrá contar con asiduos aumentos salariales, resurgimiento en los acuerdos de precios, aumentos en jubilados y asignaciones familiares. No descontamos tampoco una reducción en el impuesto a las ganancias que libere cierto excedente para el trabajador medio.
La contracara de este proceso es el riesgo inflacionario. Consideramos que los niveles de “sensibilidad económica” se encuentran altos, debido a que en la incipiente y lenta recuperación de fines del 2009 fue acompañada con una alta inercia inflacionaria. Por ejemplo, como se distingue en nuestro informe de precios de diciembre, solo la primera mitad del 2009 presentó una desaceleración en el nivel general de precios, pero luego continuó con la tendencia creciente para cerrar el 2009 con un crecimiento del 13.4 % (sin contar diciembre).
Si combinamos este escenario con cierta escasez en el mercado de empleo para contratar personal y los actuales niveles de inversión (19% del PBI) estimamos que la inflación para el 2010 no estaría más allá del 15% con un crecimiento en el producto del 4%. Pero un crecimiento del 7% potencia las probabilidades de obtener una inflación por arriba del 15% y sin techo alguno. Ergo, consideramos que la inflación será la variable a seguir durante todo el 2010.
Un segundo aspecto que apuntalará los pilotes de la macroeconomía local será el mercado de capitales. Despejados los miedos a un default de las cuentas fiscales para el 2010 gracias al pago de deuda con reservas, los costos de tomar deuda han bajado considerablemente. Para tomar tan solo un ejemplo, la bolsa de comercio de Buenos Aires acumuló una ganancia del 115%. Este panorama facilita las cosas en términos duales: por un lado la posibilidad de acceso al crédito por parte del gobierno nacional y provincial (tomando en cuenta la delicada situación fiscal de algunas) y por el otro, la posibilidad para privados de realizar inversiones o consumos gracias a la posibilidad de liquidez.
Un tercer elemento es la coyuntura internacional. Si bien la recuperación en los Estados Unidos se considera “anémica”, el mundo como un todo se prepara para volver al ruedo. La demanda internacional por los productos exportables de la argentina, así como la existencia de una extrema liquidez del mercado financiero mundial a tasas cero, prometen canalizarse beneficiosamente en Latinoamérica. No hay prácticamente manera de que la argentina no aproveche esta coyuntura, tanto directamente así como indirectamente a través de sus socios comerciales como Brasil y Chile.
Por todo lo dicho anteriormente, creemos que la macroeconomía en general marchara bien para todo 2010. Sin embargo no debe dejarse de lado y se debe continuar observando la inflación, quien hoy es el riesgo mayor que posee el país. Un segundo aspecto a observar es la situación financiera de las provincias.
Un último comentario por mencionar es en relación al crédito, más particularmente los plazos fijos. Durante diciembre tanto los depósitos y el crédito en pesos continuaron creciendo al 3 % y 2.9%. Tal como sostiene nuestro informe de plazo fijo de Enero, las tazas continúan cayendo. Un depósito a 365 días paga en promedio 10.8%, muy por debajo de sus valores en meses pasados y por supuesto, muy por debajo de la inflación actual. Se cuenta entonces con tasas reales negativas, pues el pago que realiza el depósito no alcanza para compensar la inflación verdadera. No creemos que la inversión en plazo fijo, presente hoy beneficio alguno.
En comparación con nuestros informes anteriores, donde afirmábamos un crecimiento aproximado del 4%, creemos que tres elementos fundamentales motivan a agregar la palabra “piso”. Detallamos aquí esos puntos fundamentales del nuevo tejido económico que se depara para todo el 2010 advirtiendo también sobre los potenciales riesgos.
Un buen punto de arranque para entender las expectativas económicas es observar internamente. El propio gobierno ha anunciado que se sentiría cómodo con una batería de medidas que potencien el crecimiento económico al 7%. Para lograr dicho cometido, se apuesta a motivar la producción interna a través de un mayor consumo de la población general. Es por esto, que el 2010 podrá contar con asiduos aumentos salariales, resurgimiento en los acuerdos de precios, aumentos en jubilados y asignaciones familiares. No descontamos tampoco una reducción en el impuesto a las ganancias que libere cierto excedente para el trabajador medio.
La contracara de este proceso es el riesgo inflacionario. Consideramos que los niveles de “sensibilidad económica” se encuentran altos, debido a que en la incipiente y lenta recuperación de fines del 2009 fue acompañada con una alta inercia inflacionaria. Por ejemplo, como se distingue en nuestro informe de precios de diciembre, solo la primera mitad del 2009 presentó una desaceleración en el nivel general de precios, pero luego continuó con la tendencia creciente para cerrar el 2009 con un crecimiento del 13.4 % (sin contar diciembre).
Si combinamos este escenario con cierta escasez en el mercado de empleo para contratar personal y los actuales niveles de inversión (19% del PBI) estimamos que la inflación para el 2010 no estaría más allá del 15% con un crecimiento en el producto del 4%. Pero un crecimiento del 7% potencia las probabilidades de obtener una inflación por arriba del 15% y sin techo alguno. Ergo, consideramos que la inflación será la variable a seguir durante todo el 2010.
Un segundo aspecto que apuntalará los pilotes de la macroeconomía local será el mercado de capitales. Despejados los miedos a un default de las cuentas fiscales para el 2010 gracias al pago de deuda con reservas, los costos de tomar deuda han bajado considerablemente. Para tomar tan solo un ejemplo, la bolsa de comercio de Buenos Aires acumuló una ganancia del 115%. Este panorama facilita las cosas en términos duales: por un lado la posibilidad de acceso al crédito por parte del gobierno nacional y provincial (tomando en cuenta la delicada situación fiscal de algunas) y por el otro, la posibilidad para privados de realizar inversiones o consumos gracias a la posibilidad de liquidez.
Un tercer elemento es la coyuntura internacional. Si bien la recuperación en los Estados Unidos se considera “anémica”, el mundo como un todo se prepara para volver al ruedo. La demanda internacional por los productos exportables de la argentina, así como la existencia de una extrema liquidez del mercado financiero mundial a tasas cero, prometen canalizarse beneficiosamente en Latinoamérica. No hay prácticamente manera de que la argentina no aproveche esta coyuntura, tanto directamente así como indirectamente a través de sus socios comerciales como Brasil y Chile.
Por todo lo dicho anteriormente, creemos que la macroeconomía en general marchara bien para todo 2010. Sin embargo no debe dejarse de lado y se debe continuar observando la inflación, quien hoy es el riesgo mayor que posee el país. Un segundo aspecto a observar es la situación financiera de las provincias.
Un último comentario por mencionar es en relación al crédito, más particularmente los plazos fijos. Durante diciembre tanto los depósitos y el crédito en pesos continuaron creciendo al 3 % y 2.9%. Tal como sostiene nuestro informe de plazo fijo de Enero, las tazas continúan cayendo. Un depósito a 365 días paga en promedio 10.8%, muy por debajo de sus valores en meses pasados y por supuesto, muy por debajo de la inflación actual. Se cuenta entonces con tasas reales negativas, pues el pago que realiza el depósito no alcanza para compensar la inflación verdadera. No creemos que la inversión en plazo fijo, presente hoy beneficio alguno.
Informe economico del mes de Noviembre.
El binomio empleo-producción fueron las dos variables más resonantes del 2009 reemplazando así a la de inflación. No es para menos, ya que luego de años de crecimiento ininterrumpido en ambas, en los últimos meses se vieron contraídas.
Según nuestras estimaciones, los datos consolidados para los últimos días del año arrojarán una contracción en el producto bruto cercana al 3% y un nivel de desempleo del 11%. Sin embargo, dos sectores vitales de gran preponderancia dentro de la oferta agregada lideran la recuperación que se verá consolida a lo largo de 2010.
La construcción y la industria automotriz, no sólo son importantes por la importancia a la hora de generar empleo y producción, sino por su efecto multiplicador dentro de la economía, animando y motivando incrementos de demanda para otros macro y micro sectores.
El sector automotriz a mediados del mes de Noviembre anunció un aumento en sus niveles de producción del 32% con relación al mismo mes del año anterior. Así, si la producción hace un año era exactamente de 100 vehículos, ahora este número alcanzo las 132 unidades.
Este valor denota un cambio de tendencia decreciente que se viene registrando desde fines del 2008, momento de estallido en la crisis internacional. Los fundamentos para dicha recuperación residen en razones externas, principalmente en la demanda global que encuentra posibilidades de satisfacer consumo postergado gracias a líneas de crédito blando, léase liquidez.
La respuesta natural ante un crecimiento de la demanda, es el aumento en la producción por parte de los productores locales. Este argumento queda respaldado según los datos que evidencian un aumento interanual en las exportaciones del 41%. Más aun, en relación a Octubre de este año, este mismo dato se encuentra cerca del orden del 6.4%.
El segundo sector dentro de la economía que ha aportado nuevos datos es el de la construcción. En la comparación interanual, la construcción creció magramente al nivel del 0.3%, muy por debajo de los valores de años anteriores.
Los motivos del congelamiento en la producción de nuevas unidades edilicias yacen principalmente por una rigidez dentro del mercado de compra y venta o escrituras. Desde el estallido de la crisis internacional, las expectativas sobre el ingreso permanente de las personas fueron afectadas generando una restricción en todos los vectores de consumo a manera de precaución.
Posiblemente, y con el fin de restablecer el equilibrio, la respuesta natural por parte de los dueños de las propiedades debería haber sido una rebaja en los precios. Sin embargo, una relevamiento por parte de un conjunto de inmobiliarias ha demostrado que los precios desde el lado de la oferta han bajado poco o nada, principalmente argumentando que la situación coyuntural se trata de algo meramente transitorio.
En otras palabras, mientras que desde el lado de la demanda el precio a pagar era por lo menos más bajo que el precio pre-crisis, desde el lado de la oferta el precio era por lo menos más alto.
El exceso de oferta que resultó de la situación descripta, paralizó inevitablemente las nuevas construcciones. Sin embargo, debido a una mejora en las expectativas generales sobre la economía local e internacional, nuevos estímulos han recuperado la confianza en el sector. Sorprendentemente, según el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción, el mes de octubre presento una mejora del 1.9% respecto a Septiembre.
Ya hemos mencionado dos pilares fundamentales que nos dan un panorama acabado del fin de año y de lo que se puede esperar para 2010: ¿Hay algún otro indicador que permita confirmar la tendencia de “recuperación lenta”? La respuesta es afirmativa. Mirando los balances financieros de 89 compañías locales dos resultados emergen. Por un lado, el 2009 fue peor en materia de beneficios que el 2008. Los resultados netos pasaron de $10.968 en 2008 millones a $8.611 en 2009. Por otro lado, la evolución desde principios de año ha evolucionado de “mal a mejor”.
En materia fiscal, el gobierno presentó las cuentas a mediados de Noviembre. Se recaudaron $26.100 millones de pesos, un 20.5% en la comparación interanual. Este dato se explica principalmente por una mejora de la recaudación por aportes al sistema de seguridad social, IVA consumo y tributos sobre la transferencia de combustible.
Restando los gastos, el superávit primario continúa disminuyendo, un 73% menos en la comparación interanual, ubicándose en $702 millones. Una vez contemplados los pagos por deuda, el resultado financiero presentó un déficit de $1.839 millones.
Es importante remarcar que el tema fiscal no será un problema para lo que queda del 2009 y para todo el 2010, ya que las necesidades de financiamiento, al día de hoy, parecen estar cubiertas. Sin embargo, sugerimos esperar hasta el mes de marzo para aclarar cuestiones referidas a estructuras de gasto, sobre todo en relación a la responsabilidad fiscal de las provincias, para tener un panorama más completo del 2010 y del 2011.
Finalmente, las reservas internacionales han llegado a los U$D 47.000. Como ya lo hemos mencionado en informes anteriores, este incremento responde a la política del Banco Central de intervenir en el mercado de cambios esterilizando el exceso de dólares con el fin de prevenir una apreciación del peso.
Creemos que este número seguirá aumentando, ya que partiendo de un piso de $3.80 por cada dólar, el peso continuará depreciándose hasta rondar por valores cercanos a $4. Dado que en el corto plazo y mediano plazo el dólar posiblemente continúe devaluándose respecto a otras monedas, el inversor medio continuará demandando pesos lejos de algún pánico o desconfianza. En otras palabras, no hay razones certeras para deshacer posiciones en moneda local.
Informe economico del mes de Octubre.
A lo largo de Octubre, surgió un nuevo interrogante asociado al dólar. Para el ciudadano común hasta el sofisticado inversor, el destino de la moneda verde es un interrogante. El mercado y analistas coinciden que el dólar se deprecio contra el euro alrededor de un 16% desde el mes de marzo, pero surgen interrogantes de que ocurrirá a futuro.
La depreciación del dólar desde comienzos de año responde a dos fenómenos simples. Por un lado, la “monetarizacion del déficit privado” que el gobierno de Barack Obama otorgó a los bancos y aseguradoras de los bancos, está empezando a distribuirse por diversos sectores de la economía real. Esto genera un aumento en la oferta de dólares y consecuentemente una depreciación del dólar contra el resto de las monedas.
Por otro lado, ante dicha depreciación y un nuevo shock de confianza en la economía mundial, inversores deshacen sus posiciones en liquido (monedas) y empiezan a construir nuevos portfolios con bonos y acciones.
Esta caída en la demanda junto con el aumento en la oferta, es lo que ha ocurrido desde marzo hasta el día de hoy y es lo que explica el deterioro de la moneda. Por caso, en Argentina, la cotización del billete estadounidense en el mercado cambiario minorista registró una caída durante el mes de Octubre por primera vez en los últimos 12 meses.
Consideramos que esta tendencia continuará en los próximos meses pero se revertirá en un año. Por este mismo motivo, en nuestra canasta de Commodity-Moneda del mes de Octubre, estimamos que serán necesarios 1,62 dólares para comprar un euro en los próximos seis meses, mientras que un año la cantidad de dólares necesaria para comprarlo será de 1,45 dólares. Esto sugiere una forma de “U” invertida, donde el máximo se alcanza en el mediano plazo para luego descender en el largo.
A nivel local, el movimiento del dólar tiene implicancias directas sobre la macroeconomia. El gobierno continuará interviniendo en el mercado de divisas con el propósito de evitar una apreciación del peso. Es por este motivo que, según nuestras estimaciones, el peso ira devaluándose progresiva y suavemente hacia su nuevo valor de convergencia: $4,18.
Debe considerarse, al mismo tiempo, que no hay motivos para llevar al peso significativamente por arriba de estos valores debido a las condiciones estructurales que surgen de los mercados en sí; principalmente las derivadas del mercado de empleo que no profundizaremos aquí dada la complejidad del tema.
Lo importante es entender que el mercado ha descontado dichos valores y por este motivo, la expectativa de devaluación ha moderado a la baja. Estos nuevos niveles inferiores en la expectativa devaluatoria ha reducido, junto a otras variables, la expectativa de inflación, que aún continúa en niveles elevados.
En materia de actividad, si bien no existe todavía un consenso en los números privados y públicos, sostenemos lo anticipado en los informes anteriores. La economía local cerrará el 2009 con una contracción cercana al 3%, mayormente explicada por una caída en la actividad en la primera parte del año y una recuperación en la recta final. Como anteriormente sostuvimos, estimamos un piso de crecimiento para el 2010 del orden del 4%.
Debe considerarse que este piso de 4% posiblemente se vea modificado de manera positiva como consecuencia del fenómeno de ingreso de capitales en países emergentes registrado en Octubre. Es muy pronto para inferir si el mismo será o no perdurable. Por otra parte, aunque en la lista de emergentes preferidos aparece en primer lugar Brasil; la reciente restricción de capitales impuesta por el país carioca, ha redireccionado el flujo.
La Argentina ha sabido capitalizar este nuevo apetito por emergentes, ya que la reapertura del canje de la deuda al igual que el acercamiento al Fondo Monetario Internacional, han reducido los niveles de interés y riesgo país significativamente. Todo esto ha devenido en una reducción significativa en la fuga de capitales.
La depreciación del dólar desde comienzos de año responde a dos fenómenos simples. Por un lado, la “monetarizacion del déficit privado” que el gobierno de Barack Obama otorgó a los bancos y aseguradoras de los bancos, está empezando a distribuirse por diversos sectores de la economía real. Esto genera un aumento en la oferta de dólares y consecuentemente una depreciación del dólar contra el resto de las monedas.
Por otro lado, ante dicha depreciación y un nuevo shock de confianza en la economía mundial, inversores deshacen sus posiciones en liquido (monedas) y empiezan a construir nuevos portfolios con bonos y acciones.
Esta caída en la demanda junto con el aumento en la oferta, es lo que ha ocurrido desde marzo hasta el día de hoy y es lo que explica el deterioro de la moneda. Por caso, en Argentina, la cotización del billete estadounidense en el mercado cambiario minorista registró una caída durante el mes de Octubre por primera vez en los últimos 12 meses.
Consideramos que esta tendencia continuará en los próximos meses pero se revertirá en un año. Por este mismo motivo, en nuestra canasta de Commodity-Moneda del mes de Octubre, estimamos que serán necesarios 1,62 dólares para comprar un euro en los próximos seis meses, mientras que un año la cantidad de dólares necesaria para comprarlo será de 1,45 dólares. Esto sugiere una forma de “U” invertida, donde el máximo se alcanza en el mediano plazo para luego descender en el largo.
A nivel local, el movimiento del dólar tiene implicancias directas sobre la macroeconomia. El gobierno continuará interviniendo en el mercado de divisas con el propósito de evitar una apreciación del peso. Es por este motivo que, según nuestras estimaciones, el peso ira devaluándose progresiva y suavemente hacia su nuevo valor de convergencia: $4,18.
Debe considerarse, al mismo tiempo, que no hay motivos para llevar al peso significativamente por arriba de estos valores debido a las condiciones estructurales que surgen de los mercados en sí; principalmente las derivadas del mercado de empleo que no profundizaremos aquí dada la complejidad del tema.
Lo importante es entender que el mercado ha descontado dichos valores y por este motivo, la expectativa de devaluación ha moderado a la baja. Estos nuevos niveles inferiores en la expectativa devaluatoria ha reducido, junto a otras variables, la expectativa de inflación, que aún continúa en niveles elevados.
En materia de actividad, si bien no existe todavía un consenso en los números privados y públicos, sostenemos lo anticipado en los informes anteriores. La economía local cerrará el 2009 con una contracción cercana al 3%, mayormente explicada por una caída en la actividad en la primera parte del año y una recuperación en la recta final. Como anteriormente sostuvimos, estimamos un piso de crecimiento para el 2010 del orden del 4%.
Debe considerarse que este piso de 4% posiblemente se vea modificado de manera positiva como consecuencia del fenómeno de ingreso de capitales en países emergentes registrado en Octubre. Es muy pronto para inferir si el mismo será o no perdurable. Por otra parte, aunque en la lista de emergentes preferidos aparece en primer lugar Brasil; la reciente restricción de capitales impuesta por el país carioca, ha redireccionado el flujo.
La Argentina ha sabido capitalizar este nuevo apetito por emergentes, ya que la reapertura del canje de la deuda al igual que el acercamiento al Fondo Monetario Internacional, han reducido los niveles de interés y riesgo país significativamente. Todo esto ha devenido en una reducción significativa en la fuga de capitales.
Informe económico del mes de Septiembre
Durante el mes de septiembre, se dio a conocer el nivel general de actividad registrado en agosto (IGA-OJF). Este dato nos permite estimar que la economía se ha contraído un 5.5% desde que comenzó el año, infiriendo que el 2009 cerrará con una caída cercana al 2.9% en el nivel de actividad general.
En este sentido, observamos un punto de inflexión en la tendencia negativa y en consecuencia el inicio de un ciclo de leve recuperación en el nivel actividad general tal como ya habíamos anticipado en el informe del mes pasado. En esta perspectiva, ajustamos nuestro pronóstico de decrecimiento para el 2009 a -2.9%; no obstante, la proyección actual sufrirá ajustes y correcciones con el transcurso de los meses restantes conforme a la evolución del análisis.
Este cambio de tendencia nos permite confirmar los valores para el 2010. Considerando una pronta recuperación económica global, mayor demanda externa de nuestros productos exportables, mejora en los términos de intercambio y un inminente reingreso al mercado de deuda, la Argentina tiene un potencial de crecimiento del 4%.
Los primeros indicios de reactivación se percibirán a través de un marcado incremento en los niveles de consumo (distintas cadenas comerciales han vuelto a ofrecer sistemas de pagos en cuotas competitivas) y posteriormente en los niveles de empleo. Así mismo, es posible imaginar un crecimiento aún mayor si se dieran mayores niveles de inversión.
La industria, uno de las principales generadoras de riqueza y empleo, se contrajo un 9.5% en el período comprendido entre julio del 2008 y julio del 2009 según nuestro informe anterior. Haciendo el mismo ejercicio para agosto, este número se ubica en torno a una contracción del 7.8%. Este dato avala lo dicho anteriormente, permitiéndonos reafirmar que la economía ha ingresado en un periodo de expansión positivo comparado con fines del 2008 y mitad del 2009. Más aún, se destacan los sectores como maquinaria y equipo (sectores claves para la consolidación del crecimiento de mediano plazo) al igual que el químico, agroquímico y farmacéutico.
Durante septiembre, las estadísticas oficiales sobre pobreza por ingresos han generado un revuelo tanto por su evolución como por su extensión que la ubican en un 13,9% según los datos del INDEC correspondientes al primer semestre de 2009. Nuestras estimaciones la ubican en un 32% y con un punto de inflexión que puede fijarse en el final de 2006 y principios de 2007. Si bien es innegable que los efectos inflacionarios de los últimos tres años influyen sobre la evolución de esta carencia, la causa central de este fenómeno de extensión de la pobreza reside en la distribución inequitativa del ingreso. Esta también es una deuda de los gobiernos democráticos que no han sabido, querido o podido alterar los patrones de distribución del ingreso independientemente del ciclo económico.
En materia financiera, se observa un crecimiento positivo en nivel de créditos en pesos cercano al 0.13% en la comparación intermensual. Este indicador positivo estuvo influido básicamente por el incremento del crédito al consumo y el crédito prendario. Con relación a meses pasados, donde el crédito estuvo estancado o con una tendencia negativa, estimamos este dato como señal positiva dado que el mercado de capitales es un combustible vital para la actividad económica.
Por otro lado, la cantidad de depósitos privados medidos en pesos crecieron un 1.8%. Esta es una señal positiva complementaria respecto del nivel de confianza y expectativas económicas que tiene la población sobre la macroeconomía local.
Finalmente, se observa que la cantidad de depósitos ha crecido por encima de la tasa de créditos. Esto implica indirectamente una mayor cantidad de liquidez en la plaza empujando las tasas de interés hacia abajo. En esta perspectiva, estimamos que, al menos para los próximos dos meses, el costo del dinero (por ejemplo, tomar un préstamo) bajará sustancialmente y se posicionará en los niveles más bajos en lo que va del 2009.
En el plano fiscal, durante el mes de agosto el Gobierno Nacional presentó la recaudación tributaria. Con un valor total de $24.272 millones, resulta en lo que va del año en un total de $198.028 millones. El principal impulso para el corriente mes proviene de aportes y contribuciones de la seguridad social. Aún más, el buen desempeño de los ingresos provenientes del IVA se vio opacado por el impuesto a las ganancias. No obstante, como sostenemos en nuestro informe de septiembre, no hay señales de peligro en materia fiscal.
En este sentido, observamos un punto de inflexión en la tendencia negativa y en consecuencia el inicio de un ciclo de leve recuperación en el nivel actividad general tal como ya habíamos anticipado en el informe del mes pasado. En esta perspectiva, ajustamos nuestro pronóstico de decrecimiento para el 2009 a -2.9%; no obstante, la proyección actual sufrirá ajustes y correcciones con el transcurso de los meses restantes conforme a la evolución del análisis.
Este cambio de tendencia nos permite confirmar los valores para el 2010. Considerando una pronta recuperación económica global, mayor demanda externa de nuestros productos exportables, mejora en los términos de intercambio y un inminente reingreso al mercado de deuda, la Argentina tiene un potencial de crecimiento del 4%.
Los primeros indicios de reactivación se percibirán a través de un marcado incremento en los niveles de consumo (distintas cadenas comerciales han vuelto a ofrecer sistemas de pagos en cuotas competitivas) y posteriormente en los niveles de empleo. Así mismo, es posible imaginar un crecimiento aún mayor si se dieran mayores niveles de inversión.
La industria, uno de las principales generadoras de riqueza y empleo, se contrajo un 9.5% en el período comprendido entre julio del 2008 y julio del 2009 según nuestro informe anterior. Haciendo el mismo ejercicio para agosto, este número se ubica en torno a una contracción del 7.8%. Este dato avala lo dicho anteriormente, permitiéndonos reafirmar que la economía ha ingresado en un periodo de expansión positivo comparado con fines del 2008 y mitad del 2009. Más aún, se destacan los sectores como maquinaria y equipo (sectores claves para la consolidación del crecimiento de mediano plazo) al igual que el químico, agroquímico y farmacéutico.
Durante septiembre, las estadísticas oficiales sobre pobreza por ingresos han generado un revuelo tanto por su evolución como por su extensión que la ubican en un 13,9% según los datos del INDEC correspondientes al primer semestre de 2009. Nuestras estimaciones la ubican en un 32% y con un punto de inflexión que puede fijarse en el final de 2006 y principios de 2007. Si bien es innegable que los efectos inflacionarios de los últimos tres años influyen sobre la evolución de esta carencia, la causa central de este fenómeno de extensión de la pobreza reside en la distribución inequitativa del ingreso. Esta también es una deuda de los gobiernos democráticos que no han sabido, querido o podido alterar los patrones de distribución del ingreso independientemente del ciclo económico.
En materia financiera, se observa un crecimiento positivo en nivel de créditos en pesos cercano al 0.13% en la comparación intermensual. Este indicador positivo estuvo influido básicamente por el incremento del crédito al consumo y el crédito prendario. Con relación a meses pasados, donde el crédito estuvo estancado o con una tendencia negativa, estimamos este dato como señal positiva dado que el mercado de capitales es un combustible vital para la actividad económica.
Por otro lado, la cantidad de depósitos privados medidos en pesos crecieron un 1.8%. Esta es una señal positiva complementaria respecto del nivel de confianza y expectativas económicas que tiene la población sobre la macroeconomía local.
Finalmente, se observa que la cantidad de depósitos ha crecido por encima de la tasa de créditos. Esto implica indirectamente una mayor cantidad de liquidez en la plaza empujando las tasas de interés hacia abajo. En esta perspectiva, estimamos que, al menos para los próximos dos meses, el costo del dinero (por ejemplo, tomar un préstamo) bajará sustancialmente y se posicionará en los niveles más bajos en lo que va del 2009.
En el plano fiscal, durante el mes de agosto el Gobierno Nacional presentó la recaudación tributaria. Con un valor total de $24.272 millones, resulta en lo que va del año en un total de $198.028 millones. El principal impulso para el corriente mes proviene de aportes y contribuciones de la seguridad social. Aún más, el buen desempeño de los ingresos provenientes del IVA se vio opacado por el impuesto a las ganancias. No obstante, como sostenemos en nuestro informe de septiembre, no hay señales de peligro en materia fiscal.
Informe económico del mes de Agosto
Durante el mes de julio, se dio a conocer el nivel general de actividad general según estimaciones de la consultora Orlando Ferreres. En relación a esta información, estimamos que la economía se ha contraído un 5,8% desde que comenzó el año, proyectando para el 2009 una caída cercana al 3% en el nivel de actividad.
Comparado con años anteriores de sostenido crecimiento, esta situación pone en evidencia una menor cantidad de dinero en el bolsillo de los argentinos, afectando directamente el consumo y el empleo.
Detrás de los números globales, la explicación en el deterioro en la actividad radica mayormente en que la producción industrial se contrajo un 9,5% en el período comprendido entre julio del 2008 y julio del 2009. Sin embargo, estimamos una recuperación progresiva para fines de este año en base a una recuperación general de la economía mundial y un aumento en la demanda agregada por parte de la economía brasilera. En este sentido, recién para inicios de 2010, las expectativas de una economía en recuperación serán percibidas en las calles a través de mayores niveles de consumo.
La dinámica del comercio exterior y los números para julio nos permiten una fotografía más completa de la situación. Dada la dependencia argentina de las condiciones de los mercados externos, creemos que la evolución de las importaciones así como de las exportaciones juegan un factor clave a la hora de explicar el crecimiento.
El mes de julio cerró con un superávit comercial de USD 1.315 millones, un 30% más que en julio del 2008. La caída en el valor total de las exportaciones en la comparación interanual se contrajo (alrededor del 30%, las importaciones hicieron aunque con una contracción del 41%).
El principal rubro en contraerse dentro de las exportaciones ha sido el de los productos primarios que lo hicieron a un ritmo del 63%. Probablemente, el mayor causante sea la baja de precios, dado que exactamente hace un año atrás los precios de las materias primas alcanzaban máximos históricos.
Esto implicaría menos dólares que ingresan del exterior y por tanto, un potencial aumento en el precio del dólar si el banco central no interviniese.
Desde la perspectiva de las importaciones, vale la pena subrayar que la mayor caída se presentó en los bienes intermedios y de capital. Consideramos este último punto importante, dado que dicha contracción puede afectar los niveles de inversión y sus consecuencias sobre el producto de la economía mencionados en los primeros dos párrafos. Es importante señalar que nuevas restricciones a la importación de bienes de consumo, tales como electrodomésticos y televisores, podrían disparar sensiblemente el precio de los mismos.
En materia financiera, los anuncios por parte del gobierno reavivaron el interés por la deuda soberana. El anuncio de una posible reapertura de la deuda en cesación de pagos al igual que la intención de reanudar conversaciones con el Fondo Monetario Internacional abarataron, en términos de interés, los valores de la deuda argentina.
En este sentido, un posible reingreso al mercado de deuda (esto es, emisión de nueva deuda) permitiría colocar nuevos bonos a tasas más favorables. Según nuestros análisis, esto tendría dos efectos inmediatos. Primero, permitiría al gobierno más libertad en el nivel de gasto (ver párrafo siguiente) y honrar los distintas exigencias de deudas. Segundo, permitiría un shock de confianza para recuperar las expectativas sobre una economía más próspera apoyada en mayores niveles de consumo. En el plano fiscal, el mes de julio cerró con un superávit del $766 millones. Esto significó cerca de $3.250 millones menos en comparación a julio del 2008. Este resultado se explica por un crecimiento mayor en el gasto (alrededor del 29%) en comparación a los ingresos (alrededor del 8%). Computando este dato, el superávit acumulado durante 2009 asciende a $7.938. Sin embargo, una vez calculado el pago de intereses, el saldo es deficitario e igual a $2.305 millones. En este sentido resulta importante el reingreso de la Argentina al mercado de capitales Caso contrario y con el fin de evitar un posible default, los fondos deberían provenir de una contracción importante del gasto que operaría en sentido contrario a la recuperación económica que ha comenzado a dar sus primeros pasos.
Comparado con años anteriores de sostenido crecimiento, esta situación pone en evidencia una menor cantidad de dinero en el bolsillo de los argentinos, afectando directamente el consumo y el empleo.
Detrás de los números globales, la explicación en el deterioro en la actividad radica mayormente en que la producción industrial se contrajo un 9,5% en el período comprendido entre julio del 2008 y julio del 2009. Sin embargo, estimamos una recuperación progresiva para fines de este año en base a una recuperación general de la economía mundial y un aumento en la demanda agregada por parte de la economía brasilera. En este sentido, recién para inicios de 2010, las expectativas de una economía en recuperación serán percibidas en las calles a través de mayores niveles de consumo.
La dinámica del comercio exterior y los números para julio nos permiten una fotografía más completa de la situación. Dada la dependencia argentina de las condiciones de los mercados externos, creemos que la evolución de las importaciones así como de las exportaciones juegan un factor clave a la hora de explicar el crecimiento.
El mes de julio cerró con un superávit comercial de USD 1.315 millones, un 30% más que en julio del 2008. La caída en el valor total de las exportaciones en la comparación interanual se contrajo (alrededor del 30%, las importaciones hicieron aunque con una contracción del 41%).
El principal rubro en contraerse dentro de las exportaciones ha sido el de los productos primarios que lo hicieron a un ritmo del 63%. Probablemente, el mayor causante sea la baja de precios, dado que exactamente hace un año atrás los precios de las materias primas alcanzaban máximos históricos.
Esto implicaría menos dólares que ingresan del exterior y por tanto, un potencial aumento en el precio del dólar si el banco central no interviniese.
Desde la perspectiva de las importaciones, vale la pena subrayar que la mayor caída se presentó en los bienes intermedios y de capital. Consideramos este último punto importante, dado que dicha contracción puede afectar los niveles de inversión y sus consecuencias sobre el producto de la economía mencionados en los primeros dos párrafos. Es importante señalar que nuevas restricciones a la importación de bienes de consumo, tales como electrodomésticos y televisores, podrían disparar sensiblemente el precio de los mismos.
En materia financiera, los anuncios por parte del gobierno reavivaron el interés por la deuda soberana. El anuncio de una posible reapertura de la deuda en cesación de pagos al igual que la intención de reanudar conversaciones con el Fondo Monetario Internacional abarataron, en términos de interés, los valores de la deuda argentina.
En este sentido, un posible reingreso al mercado de deuda (esto es, emisión de nueva deuda) permitiría colocar nuevos bonos a tasas más favorables. Según nuestros análisis, esto tendría dos efectos inmediatos. Primero, permitiría al gobierno más libertad en el nivel de gasto (ver párrafo siguiente) y honrar los distintas exigencias de deudas. Segundo, permitiría un shock de confianza para recuperar las expectativas sobre una economía más próspera apoyada en mayores niveles de consumo. En el plano fiscal, el mes de julio cerró con un superávit del $766 millones. Esto significó cerca de $3.250 millones menos en comparación a julio del 2008. Este resultado se explica por un crecimiento mayor en el gasto (alrededor del 29%) en comparación a los ingresos (alrededor del 8%). Computando este dato, el superávit acumulado durante 2009 asciende a $7.938. Sin embargo, una vez calculado el pago de intereses, el saldo es deficitario e igual a $2.305 millones. En este sentido resulta importante el reingreso de la Argentina al mercado de capitales Caso contrario y con el fin de evitar un posible default, los fondos deberían provenir de una contracción importante del gasto que operaría en sentido contrario a la recuperación económica que ha comenzado a dar sus primeros pasos.
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